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La irrupción de Rodríguez Zapatero en la recta final de la negociación sobre la reforma del Estatuto catalán deja al descubierto el verdadero objetivo del presidente del Gobierno: la pervivencia en el poder "como sea", aunque signifique dilapidar el consenso constitucional y, por lo tanto, el actual modelo nacional. Zapatero se ha metido en este jardín por iniciativa propia y desde el principio; no parece que ahora vaya a dejarlo.
De estos días de negociaciones, de rumores y de secretismos nos quedamos con varias cuestiones. Para empezar, Zapatero ha convertido en costumbre negociar por la noche –de madrugada– y de espaldas a los ciudadanos. El presidente del Gobierno afronta un cambio fundamental en el consenso constitucional y lo hace de espaldas a los intereses de los españoles. Además también este hombre se ha acostumbrado a esconder detrás de la palabra negociación el verdadero concepto que practica, la cesión. El actual presidente del Gobierno no negocia, simplemente renuncia a los principios básicos a cambio, claro está, de permanecer en Moncloa.
A estas estrategias habituales añadimos ahora algunos datos nuevos, que al menos abren algunos interrogantes pensando en el futuro. Por ejemplo, todavía es pronto para saber sí el protagonismo que Zapatero ha concedido a Artur Mas en estas negociaciones se va a prolongar en los próximos meses. En este sentido, se puede pensar que este cambio de pareja, sin previo aviso, del jefe del ejecutivo se pueda traducir también en nuevas alianzas del Gobierno socialista, en caso de que los independentistas de Esquerra Republicana tensen la cuerda al máximo.
En este contexto, si Zapatero decidiera en un momento determinado cambiar de socios parlamentarios en Madrid, eso significaría, digan lo que digan, un cambio en el Gobierno catalán. Dicho de otra forma, tendría como primer resultado la voladura del tripartito. El acercamiento de Zapatero a Mas no es un feo, sin más, a Carod Rovira; lo más llamativo es que se convierte en un esquinazo en toda la regla a Pascual Maragall. Si Zapatero prolonga en el tiempo esa buena sintonía con Mas se va a producir un cortocircuito inevitable. Primar a Convergencia i Unió desde Moncloa es abrir la puerta de salida a Maragall. Y esa puerta tiene una única forma: elecciones adelantadas en Cataluña.
En todo caso, esta es solamente la primera lectura de un cambio de cromos realizado por Zapatero, en un gesto de claro desprecio hacia el tripartito. Está por ver si ese cambio es temporal, con el único objetivo de sacar adelante el Estatuto, o por el contrario estamos ante un golpe de mano para desprenderse de Maragall y de Carod Rovira. Tampoco se puede descartar que Zapatero simplemente haya hecho lo que haya podido para esta huida hacia ninguna parte que ha emprendido.
Hay quien pueda pensar que estamos ante una fina estrategia, pero la experiencia indica que estamos ante una chusca reacción sin más objetivo que conseguir el Estatuto como sea. No hay dudas que la historia no ha terminado.

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