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Columna publicada el 24-01-2002
El Congreso del Partido Popular no va a ser el del sucesor, pero sí va a ser el de la sucesión. De este cónclave tienen que salir todos los candidatos para suceder al presidente Aznar bien situados, y también tienen que quedar expuestos a la luz todos aquellos que van a pilotar en el partido la transición del poder de José María Aznar al elegido. El presidente del Gobierno no duda de que la decisión final sobre el futuro candidato a la presidencia del PP y del Ejecutivo va a ser cosa suya. Pero al mismo tiempo, sabe que tiene que tomar una decisión que deberá ser bien acatada por el aparato, por la estructura territorial y por los grandes barones del PP: los mismos que le auparon en el 89 y que le han mantenido arriba, sin pestañear, hasta las elecciones del 96.
José María Aznar no va a anunciar el nombre del sucesor, pero sí va a preparar toda la maquinaria sucesoria, una maquinaria que tendrá que responderle a la perfección y sin fisuras en el momento adecuado. Por ello, durante estos días tendremos que centrar nuestra atención en dos puntos: los posibles candidatos y los miembros de la Ejecutiva. Los primeros posiblemente no saldrán nominados, pero sí tendrán que aprovechar la ocasión y posicionarse correctamente para la carrera por el poder. Por su parte, la Ejecutiva va a ser la pieza clave en el proceso sucesorio. En esa Ejecutiva, de la que forman parte unas ochenta personas, hay un porcentaje que proviene de los cargos públicos y cargos internos, pero hay otro segmento –en concreto treinta y cinco personas– que son designados directamente por el presidente del Partido. Esos treinta y cinco miembros de la Ejecutiva se van a convertir en el “núcleo duro” de la sucesión. Serán los encargados de pilotar, desde dentro, la elección del sucesor del propio Aznar. En esa lista de treinta y cinco, muchos de ellos jóvenes y con una relativa experiencia política, estarán los encargados en controlar la situación para que no haya elementos disonantes. Serán los verdaderos protagonistas de que la transición entre Aznar y el elegido salga correctamente.
Por todo ello, en estas horas previas al Congreso se viven momentos de verdadera tensión dentro del PP. Hay pocos puestos y hay muchos aspirantes. Aznar ha comenzado ya a comunicar a algunos que formarán parte de esa Ejecutiva. El presidente deberá confeccionar una lista cuidadosamente elaborada, con mucha cara nueva, pero con una representación equilibrada entre aquellos que han trabajado desde siempre dentro del partido y otros que han “aterrizado” más recientemente, a bombo y platillo, con la etiqueta de ideólogos y de eficaces. El presidente no puede descuidar ninguna parcela, entre otros motivos porque no puede despreciar la estructura del partido que él siempre ha controlado y que en su momento le otorgó todo el poder y toda la confianza. El Congreso del PP, en definitiva, se va a convertir en un criba de nombres. Este fin de semana, con un cierto disimulo y discreción, los populares van a empezar una limpia de nombres. El próximo lunes no sabremos el nombre del sucesor, pero sí conoceremos al PP de la época posterior a Aznar. Con este Congreso, los populares comienzan su transición interna y la maquinaría deberá estar bien engrasada. Los encargados de tenerlo todo preparado serán los treinta y cinco de Aznar.
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