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Columna publicada el 11-11-2005
Hace unos días se sorprendía España entera viendo a la ministra de Fomento ejerciendo de aguerrida reportera en el primer informativo de Iñaki Gabilondo. Dicen que Álvarez –es su nuevo nombre de guerra– cogió el micrófono al vuelo al ver que el periodista de Cuatro no llegaba a la cita. Los nervios del primer día en la redacción de la nueva "tele-Polanco" no impidieron a la ministra convertirse en una reportera de su propia propaganda política. Lo habitual.
Hasta ahí lo que vio toda España. Pero, ojo, que no acaban ahí las dotes periodísticas de este Gobierno. Ante el asombro de la profesión, también ha hecho sus pinitos el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda. No está nada mal. De sindicalista agrario a plumilla de primera. Una evolución desde luego llamativa, aunque después de lo de la ministra ya vale casi todo.
Les cuento. El pasado miércoles, el presidente del Partido Popular Mariano, Mariano Rajoy, convocaba una rueda de prensa en el Senado una vez concluido el debate sobre el Estado de las Autonomías. Rajoy en esa comparecencia estaba valorando el debate recién terminado, la actitud de Zapatero ante el Estatuto catalán o las deudas de Montilla y el PSC con sus amigos de La Caixa. En fin, lo que es una rueda de prensa al uso con los periodistas habituales en una comparecencia de estas características. ¿Periodistas habituales? Nada de nada. Allí en un rincón, acurrucado, intentando pasar desapercibido, estaba Fernando Moraleda, el nuevo secretario de Estado de Comunicación, tomando notas con verdadera intensidad de lo dicho por Mariano Rajoy.
Moraleda parece que se ha tomado muy en serio su nuevo trabajo, aunque por lo que parece nadie le ha explicado que su encargo es el de coordinar la comunicación del Gobierno, cuidar la imagen de Zapatero o realizar un seguimiento del trabajo de los distintos ministerios. Como ven, es mucha tarea, pero entre sus obligaciones no está la de “espiar” al líder del Partido Popular. Alguno de sus muchos colaboradores le debería explicar que existen los "teletipos", unos "papelitos" en los que se recoge de forma literal lo que dicen los demás políticos. Sinceramente, no es necesario que acuda a las ruedas de prensa de Mariano Rajoy; con que ayude a responder a de la Vega las preguntas del Consejo de ministros es suficiente. Por cierto, dentro de ese talante tan olvidado en Moncloa no estaría de más que la portavoz del Gobierno conceda turno de palabra a aquellos periodistas que le pueden preguntar alguna "cosita" incómoda los viernes después del Consejo de Ministros. Es por aquello de la libertad de expresión.
Vamos mejorando en la clase periodística. Los ministros y los secretarios de Estado nos envidian hasta límites insospechados. Aunque a decir verdad, esta nueva aportación de un Gobierno socialista y reporteril no estaba en el guión. No ganamos para sorpresas.

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