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Columna publicada el 06-11-2003
Los principales líderes del Partido Popular intentan apresuradamente cerrar la crisis abierta por el Alcalde de Madrid por el anuncio de una importante subida de impuestos. Un giro de timón que, por el momento, sólo transmite una sensación de improvisación en la estrategia y de querer cerrar la crisis cuanto antes, aunque sea en falso. Lo que está claro es que en toda esta historia hay algunas piezas que por el momento no cuadran correctamente y que con el tiempo pueden pasar factura al Partido Popular.
Para empezar, habrá que decir que Alberto Ruiz Gallardón no ha cedido en un ápice su intención de rectificar en sus decisiones en el Ayuntamiento de Madrid. Después de las críticas, nada caprichosas, del pasado lunes de Rodrigo Rato y Javier Arenas llegó el reto de Gallardón desde los micrófonos de "La mañana" de la COPE, más tarde la conversación en privado de Rajoy con Gallardón, para terminar con paños calientes de la plana mayor del PP intentando enviar el mensaje de que:"aquí no ha pasado nada". Pero, ¡cuidado!, que han pasado muchas cosas; pero especialmente lo que está pasando es que Ruiz Gallardón no ha cambiado de actitud. Una primera rebelión del Alcalde de Madrid, que por el momento se ha salido con la suya. Ya veremos cuando llegue el siguiente pulso de "Alberto" lo que puede pasar. Gallardón se queda con la idea de que por ahora ha podido hacer lo que le cuadra. Sin olvidarnos del precedente que significa para otros lideres municipales o autonómicos del PP. Está en juego la autoridad o el liderazgo del PP. El tiempo nos dirá hasta qué punto, pero la primera entrega no ha sido muy positiva.
En todo caso lo que viene a descuadrar del todo esta polémica, que sin duda tiene más calado del que nos han hecho creer, son las últimas declaraciones de Javier Arenas en las que dice que la polémica está cerrada y que "cada Partido Popular" concreta en su parcela la oferta electoral dentro del programa marco. En fin, no parecen muy afortunadas estas aclaraciones, entre otras razones porque pone en duda la doctrina de siempre del Partido Popular: un partido único, con un sólo proyecto y que dice y hace lo mismo en cada rincón de España. Es evidente que Arenas no quiere cambiar el discurso del PP, pero con estas declaraciones algo precipitadas está cerrando de mala forma la polémica, dejando la puerta abierta para la disparidad de proyectos e ideas.
De todas formas, la política tiene su recorrido, con subidas y bajadas. Los días echaran tierra sobre esta rebeldía. Pero la nueva dirección del PP deberá tomar buena nota de lo que ha pasado. Este tipo de polémicas no se pueden repetir en un año electoral y con el añadido de que Aznar se va de La Moncloa la próxima primavera. Estos lujos los populares no se los pueden permitir. Eso sí, que estén preparados. Gallardón no se va a estar quieto y, antes o después, volverá a montar otro numerito. Tiempo al tiempo.

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