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Columna publicada el 24-03-2003
Manuel Pimentel, una vez más, no ha dado la cara para anunciar su marcha del Partido Popular. Pimentel, un auténtico experto en dejar los cargos utilizando el fax, ha vuelto a salir corriendo. Utilizando los mismos modos con los que dimitió de ministro ahora ha abandonado la militancia popular.
Pide respeto para su decisión de abandonar el PP. Puede estar seguro de que no sólo va a recibir ese respeto sino que va a escuchar un sonoro aplauso de despedida. La política está llena de personajes que van a lo suyo, y que alguno de ellos anuncie a los cuatro vientos que deja la "cosa pública" es una buena noticia para la política y para los ciudadanos.
En todo caso, en momentos así, no nos podemos olvidar que cuando Manuel Pimentel dimitió como ministro de Trabajo, fue incapaz de decírselo a la cara al presidente del Gobierno. Rehuyó un cara a cara. Evitó decir las cosas de forma valiente a su "Jefe" natural. Jugó mal y sucio. En plena campaña electoral de las elecciones generales de 2000, un sábado por la tarde, Pimentel "comunicó" a EFE su dimisión. En concreto, el presidente Aznar se enteraba al llegar de Logroño al Palacio de la Moncloa, al bajarse del helicóptero y leer el teletipo de la agencia oficial. Poco después se recibía un fax en Moncloa del "valiente" ex-ministro.
De esta forma, Manuel Pimentel salía del Gobierno, y poco después se echaba en brazos del Grupo Prisa, que lo utilizó hasta la saciedad como una de las deserciones "progres" del Gobierno de Aznar. Una huida hacia adelante de un ministro que tuvo una lamentable gestión al frente del Ministerio de Trabajo, que intentó adueñarse de competencias que no tenía en cuestiones de inmigración y que cometió graves errores políticos por un exceso de protagonismo en los famosos sucesos de El Ejido. Pimentel dio el portazo, haciendo creer que se iba por desacuerdos en la gestión, cuando lo único cierto es que no respondió a las expectativas.
Después pensó que sin él, el Partido Popular iba a dar marcha atrás en muchos de sus avances. Y nada más lejos de la realidad. El PP ganó las elecciones con mayoría absoluta, y fíjense, ¡que horror!, nadie se acordó de Pimentel. Después, la vida política ha seguido, ¡sin Pimentel!, y no ha pasado nada. En fin, la vida continua, y aunque ha intentado –con libros incluidos– sacar la cabeza, ya nadie se acordaba de él. Para cerrar este triste itinerario político, ahora, "aprovechándose" de la guerra y del PP, una vez más, dice que se va. Pues allá él. Lo mejor que le puede pasar al PP es que militantes como Pimentel dejen el partido. Eso sí que se vaya, y que se calle. El PP, sinceramente, debe respirar tranquilo.

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