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Se cumplen ya dos semanas desde que el Grupo Prisa y el PSOE iniciaran una vil campaña contra un enfermo de polio que asistió a una manifestación de víctimas del terrorismo en silla de ruedas. Lo que se inició como una acusación a Joaquín Merino por simular ser una víctima del terrorismo no tardó mucho tiempo en desvelarse como lo que realmente era: una farsa ridícula y repugnante de Cuatro, la televisión de Polanco. Tan evidente resultaba para todos la infamia que habían cometido que incluso Iñaki Gabilondo, la referencia informativa de Prisa, pidió perdón públicamente por el error cometido.
Aquella campaña montada por Prisa, que recordaba por su estilo barriobajero a la acometida durante las horas de agitación posteriores al 11 de marzo, recibió el apoyo inmediato de Diego López Garrido y José Blanco quienes, en distintas comparecencias públicas, se lanzaron como posesos contra un discapacitado cuyo único pecado había sido acudir a apoyar a las víctimas del terrorismo. Ninguno de los dos socialistas se molestó en intentar dilucidad si realmente tenían alguna base para insultar como insultaron. Lo había dicho Gabilondo, y eso era más que suficiente.
Pero cuando el locutor de Prisa rectificó en antena, dejó en evidencia la nula talla moral de estos dos dirigentes socialistas. Y si quince días después el presidente del Gobierno no ha dicho todavía nada parece evidente que apoya por completo lo dicho por Blanco y López Garrido. Especialmente cuando Mariano Rajoy le preguntó por este asunto en la reunión que mantuvo con Zapatero antes de Navidad y el leonés guardó un silencio que lo hizo cómplice de sus compañeros de partido.
Con la campaña que ha iniciado la AVT para recordarnos todos los días que el PSOE no ha rectificado sus mentiras y sus burlas, esperemos que en Ferraz tengan un gesto de dignidad y admitan públicamente que cometieron un error y piden disculpas por ello. No es tanto lo que se les pide. Se trata simplemente de restituir el honor de un discapacitado aceptando que Blanco, López Garrido y Zapatero son humanos y, por lo tanto, se equivocan. Lo más probable es que sigan en sus trece, pero tienen la oportunidad de mostrar que, al menos por una vez, han puesto por delante al respeto más básico a las personas y a su derecho a manifestarse frente al sectarismo y el orgullo.
Seguramente Blanco y López Garrido hayan pensado que su metedura de pata se iba a desinflar con el tiempo sin más repercusión política, sobre todo estando tan cerca las vacaciones de Navidad. Pero pueden estar seguros que, cuanto más tiempo dejen pasar, será peor. Una sencilla rectificación a tiempo puede amortiguar el efecto que ha tenido su campaña contra un discapacitado. Pero si prefieren obstinarse en no pedir perdón, el desgaste puede ser demoledor. Blanco y López Garrido podrían ser recordados para siempre como los que utilizaron a un cojo para zaherir a las víctimas del terrorismo. Se lo merecerían.

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