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Columna publicada el 24-01-2003
Rodrigo Rato con sus últimas declaraciones ha vuelto a romper la baraja de la sucesión. Ha vuelto a descolocar al Partido, a su dirección e incluso al presidente del Gobierno. Cuando en la primera semana de enero, Rato se puso a disposición del partido, las interpretaciones sobre su verdadera actitud eran variadas y creíbles. Incluso en el PP se daba como seguro un pacto realizado entre Aznar y el vicepresidente económico para ir preparando el escenario de la sucesión. Pero esta “reincidencia” de RR en pocas semanas descabala las teorías más pacifistas sobre el futuro candidato. La sucesión no va a ser una balsa de aceite, y uno de los protagonistas más importantes está empeñado en demostrarlo.
Rato ha cantado a los cuatro vientos sus cuatro grandes características políticas: “pasión, liderazgo, ilusión e ideología”. ¡Casi nada! Es más, el responsable económico del Gobierno ha reivindicado, ante el propio Aznar, el derecho “a decir lo que cada uno quiera”. En fin, una auténtica declaración de intenciones y de objetivos. Rato ha comenzado ya sin tapujos la carrera de la sucesión y así lo ha reconocido públicamente. Primero, dice estar a disposición del partido y ahora enumera todas sus virtudes para ser el presidente del Gobierno. Una descripción de su talante político, que incluye por exclusión una elegante descalificación de los demás candidatos. Pero sobre todo es una clara reivindicación de su nombre ante las “deficiencias” de los demás. Rato viene a decir a sus compañeros de carrera: “Lo siento, pero lo tengo todo para ser el elegido”.
Pero, al final, la pregunta surge de forma obligatoria: ¿beneficia esta estrategia a RR? ¿Qué gana con esta ofensiva sucesoria? Pues en este momento es difícil saberlo. Por un lado, Rato ha dicho lo que ningun candidato se atreve a decir en voz alta: "Aquí estoy yo". Mientras que los demás se mueven entre los juegos de palabras, las bromas y la ortodoxia, Rato ha dado un paso al frente. Una actitud que, acertada o no, está rompiendo "por la directa" la disciplina interna. Todos repiten: "ahora no toca hablar de sucesión". Algo que, como parece evidente, no va con "Rodrigo".
De lo que ya no hay ninguna duda es de que Rato está jugando su partida, se ha salido del guión escrito y definitivamente va por libre. Este pronunciamiento público de RR –además de los efectos sobre los demás candidatos– puede tener una traducción, de puertas adentro, inmediata. El PP puede comenzar en breve a ofrecer una imagen interna, en provincias y regiones, de fuerte división, recuperando aquellos viejos espectáculos de la “época Mancha”. Dicho de otra forma, surge el peligro de bandas y banderías.
Estamos ante un momento de “pura política” en el que detrás de las apariencias de tranquilidad surgen aquellos que no están dispuestos a plegarse a un orden del día escrito por quien se va. Y ahí está la clave. Ahí está el gesto que puede tener más repercusiones. Rodrigo Rato ha dicho a José María Aznar que él tiene sus planes y sus estrategias. Le desobedece públicamente. Un actitud que tritura cualquier previsión sobre el futuro. Lo que pueda pasar en los próximos meses está más abierto que nunca.

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