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Columna publicada el 17-04-2003
El líder de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, en ese afán desmedido de protagonismo y de acaparar la atención de los medios de comunicación, está empeñado en utilizar políticamente la muerte de los dos periodistas españoles muertos en la guerra de Irak. Lo intentó con José Couso y con Julio Anguita Parrado en su momento, y ahora lo vuelve a intentar con el enviado especial del diario El Mundo, manipulando la realidad y ocultando que Julio trabajaba "incrustado" en las fuerzas norteamericanas y que fue un misil iraquí el que alcanzó el puesto en el que se encontraba. Una actitud bochornosa, cuando no vomitiva, del líder de Izquierda Unida que, en su intento de evitar la desaparición de la vida política de su coalición, se apunta a lo que haga falta.
Llamazares intenta apropiarse políticamente de estas dos desgracias de la guerra, y lejos de sacar provecho, lo que se lleva es el desprecio más solemne. Llamazares no es nadie para enjuiciar a diestro y siniestro, como dueño y señor de todo lo que se mueve. Nadie ha ocultado que algunos ministros del Gobierno cometieron claros errores de prepotencia y rigidez con la muerte de José Couso. Los medios de comunicación, además, pudieron haber actuado con más o menos fortuna en unos momentos complicados y difíciles. Es más, lo ocurrido significó una fuerte convulsión en la clase periodística que tuvo reacciones diversas. Son los errores y aciertos de un amplio y diverso colectivo, pero que en ningún caso incumbe al líder de uno de los "partidos menos representativos del arco parlamentario". Si alguien no tiene nada que decir en esta historia, si alguien debe callarse y desaparecer del mapa, si alguien debe de bajar la cabeza y huir por la puerta trasera, es Gaspar Llamazares.
Sinceramente, ¿qué autoridad política puede tener el líder de Izquierda Unida? ¿Qué grado de credibilidad puede tener este individuo, incapaz de poner orden en su coalición? ¿Qué nos puede contar una persona que se esconde para no condenar con CLARIDAD los últimos asesinatos del régimen de Castro? ¿Qué puede aportar un político a quién no se le han oído palabras claras de condena al brazo político de ETA? Llamazares, amparado en unos "tics" pasados y trasnochados, con un futuro político que sólo le puede llevar a la desaparición y con una representación parlamentaria marginal, se empeña en "utilizar" en su provecho todo lo que se le ponga por delante.
Llamazares, un profesional de la crispación y de la manipulación política, debería recapacitar. Por la senda que transita, hace tiempo que va camino del precipicio, aunque este es un destino que, al fin y al cabo, sólo les concierne a él y a su coalición. Pero mientras usted se hunde, señor Llamazares, a los demás, ¡déjenos en paz! No trate de agarrarse más a las desgracias ajenas. No utilice a los demás de forma canallesca. No cambie más la realidad. Al final, no lo dude, las urnas le pagarán como se merece.

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