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Este miércoles 14 de marzo se han cumplido tres años del triunfo electoral del partido socialista. Tres años de la victoria de Rodríguez Zapatero. Un éxito que nadie esperaba y que fue resultado del golpe mediático que se llevó a cabo entre el 11 y el 14 de marzo. Un triunfo electoral que estuvo precedido por la violación del día de reflexión y por los asaltos a las sedes del Partido Popular en toda España.
Aquel triunfo electoral, fruto de la manipulación de un atentado terrorista, nos ha llevado a la que sin duda es la legislatura más convulsa de la democracia española moderna. Tres años después podemos decir, sin duda, que estamos asistiendo a una legislatura desastrosa. El balance que se puede hacer a día de hoy es lamentable, entre otras razones, por la obsesión de Rodríguez Zapatero de poner patas arriba todas las normas que los españoles nos dimos en el 78 para la convivencia armónica entre todos. Era difícil pensar que en tres años se pudiera ejecutar semejante desaguisado. Era difícil, pero lo cierto es que Zapatero lo ha conseguido.
El presidente del Gobierno se ha marcado dos objetivos: el cambio en el modelo de Estado y el cambio en el modelo de sociedad. Además a esto hay que añadir que Zapatero nunca ha querido reconocer, no lo hará tampoco en el futuro, que su triunfo electoral estuvo determinado por los atentados de Madrid. Sobre estos cimientos el Jefe del Ejecutivo ha construido una forma de hacer política llena de sectarismo, de enfrentamientos, de persecución hacia los discrepantes, de persecución y de polémica.
En estos tres años no ha faltado de nada. Zapatero, en este tiempo, nos ha embarcado en el proceso de rendición ante ETA, la excarcelación de De Juana Chaos, la reforma del Estatuto de Cataluña, la OPA sobre Endesa y el aquelarre de la memoria histórica. Nos ha alejado de los Estados Unidos y amigado con Chávez, Castro y Morales. Ha exaltado a la Segunda República, perseguido a los medios de comunicación críticos e impuesto una educación estatalista. Hemos tenido que padecer sus obsesiones laicistas, la pañoleta palestina y una pésima gestión de la inmigración. En definitiva, una lista interminable de acciones y gestos irresponsables e ineptos, fruto de fobias, manías y obsesiones, que ha llevado a la sociedad española a sentirse atemorizada ante la actitud de un Gobierno engreído e incapaz de rectificar.
Tres años después de la llegada de Zapatero al poder el espectáculo que se nos brinda al contemplar su acción de gobierno es lamentable. Han sido tres años de desastres. No es cierto que el presidente no tenga proyecto, porque es evidente que sabe lo que quiere, como sabe igualmente que por ese camino era inevitable que la sociedad española se dividiera y enfrentara. El único consuelo que queda tras este desolador balance es que nos encontramos en la recta final de la legislatura. Sólo le queda un año. O menos.

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