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El espectáculo que se ha vivido este martes en el Partido Socialista no se recordaba en la calle Ferraz desde la época en la que Alfonso Guerra machacaba a diario a Felipe González, después de salir del Gobierno por ser el hemmano de su hemmano. José Bono ha dejado en el ridículo más absoluto al presidente Zapatero, al secretario de Organización José Blanco y al secretario general del PSM Rafael Simancas. Tal ha sido el ridículo que, si en el PSOE conocieran en significado de la palabra dignidad, ya habrían dimitido Blanco y Simancas por ese circo de bienvenida que, sin enterarse de nada, le han montado a quien ahora parece que no tenía ninguna intención de presentarse a la Alcaldía de Madrid.
El martes abría Bono la puerta a la posibilidad de aceptar la candidatura, al afirmar que a nadie le amarga un dulce. Matizaba también que antes tenía que esperar la petición formal del PSOE. Así empezó a preparar la trampa en la que el aparato socialista terminaría cayendo estrepitosamente. Por la noche, el entorno de Bono hacía llegar el mensaje de que la decisión aún no estaba tomada. De modo que, quizá para que sus ánimos lo ayudaran a dar el paso, Blanco y Simancas hicieron su aparición la mañana del miércoles alabando la disponibilidad de Bono y alegrándose de su aceptación de la candidatura. Esa fue la señal. Inmediatamente después, el entorno de Bono hizo llegar a las redacciones de los distintos medios que definitivamente no se presentaba. Minutos más tarde, era el presidente el Partido, Manuel Chaves, quien desde Sevilla confirmaba la negativa. Mientras, en Madrid, Blanco y Simancas emitían un comunicado aceptando la evidencia: el PSOE sigue sin candidato.
Es evidente que nada de esto ha sucedido por casualidad. Bono se ha vengado fríamente de Zapatero por su salida del Gobierno y por el trato recibido desde el PSOE y sus terminales mediáticas. Bono ha hecho una jugada de orfebrería política, dejando sin habla y sin argumentos a todo el aparato de su partido y, en especial, a Zapatero. Porque hay que recordar que la candidatura a la Alcaldía de Madrid era una apuesta personal del presidente del Gobierno.
Con esta pillería, Bono ha dejado inutilizada la candidatura del PSOE. ¿Quién va a ser segundo plato? ¿Quién va a aceptar sabiendo que es una candidatura de emergencia y de relleno? ¿Quién va a acudir a las elecciones municipales por Madrid tras este sainete? Hay que reconocer que el político de Albacete se la ha jugado y bien jugada a Zapatero y al PSOE. Todo esto ha causado muchas heridas en el partido socialista, heridas que el tiempo no ayudará a curar. Especialmente a Pepiño Blanco, cuyo puesto en el PSOE como secretario de Organización resulta cada vez más incomprensible. O no manda, o no se entera. Y "organiza" un partido que, a siete meses de las municipales, no tiene candidato para Madrid. Increíble pero cierto.

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