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El candidato socialista en las elecciones catalanas, José Montilla, parece que ha sido muy claro con el convergente Mas: su prioridad es reeditar el tripartito. Y no es sólo él; dirigentes socialistas catalanes también han enviado el mismo mensaje. Para el PSC el tripartito es la coalición más deseable, pues aún reconociendo los muchos errores cometidos en la anterior legislatura, consideran haber aprendido de ellos e insisten en que la ausencia de Maragall les permitirá hacer las cosas de otra manera. Tampoco parece que ni los independentistas de ERC ni los comunistas de IC tengan intención alguna de bajarse del coche oficial mientras puedan seguir dentro de él. Aunque, eso sí, habrá que ver a Montilla de presidente de la Generalidad tras su desastroso pase por el Ministerio de Industria, donde ha dado pruebas más que sobradas de sectarismo e ineptitud.
La gran pregunta es saber qué piensa Zapatero de todo esto. El presidente, que se encuentra en Montevideo en la Cumbre Iberoamericana, se ha limitado a decir que la decisión de formar Gobierno corresponde en exclusiva a Montilla. Pero al mismo tiempo tanto las terminales mediáticas socialistas como Pepiño Blanco y algún otro dirigente voluntarioso han dejado caer que volver a pactar con Esquerra no parece inteligente, dada la cercanía de las elecciones generales. El único que se ha expresado de manera clara y rotunda sobre este particular ha sido el ex ministro Bono, que ha recordado que cuando te quemas al comer la sopa, la prudencia ordena no tomar otra cucharada, pues corres el riesgo de volver a quemarte. Es evidente que Esquerra Republicana, durante los dos años largos que ha estado en el Gobierno catalán, ha supuesto un duro desgaste para Zapatero. Tener que afrontar unas elecciones generales con un gobierno catalán de coalición con los independentistas es un lastre para el PSOE y, especialmente, para el propio Zapatero. Pero Esquerra forma parte de la única fórmula posible para que Montilla sea presidente de la Generalidad y no parece que vaya a dejar escapar esa posibilidad.
Lo que nos queda por saber es lo que Zapatero prometió a Mas en enero, en aquella larga noche de tabaco y negociaciones en el Palacio de la Moncloa. Si la promesa fue la presidencia de la Generalidad a cambio del Estatuto, Montilla estaría planeando incumplir aquella promesa. Es posible que aquella noche Zapatero engañara a Mas; teniendo la necesidad de sacar el Estatuto a toda costa, le prometió algo que sabía de antemano que no podría cumplir, al carecer de la autoridad suficiente sobre el PSC como para obligarle a tomar una decisión u otra sobre los pactos posteriores a las elecciones.
Lo único que ahora mismo está claro es que alguien va a salir trasquilado. Si Montilla saca adelante el tripartito, la presencia de Esquerra en el Gobierno catalán va a volver a desgastar a Zapatero, que posiblemente tenga además que enfrentarse a una grupo convergente en el Congreso bastante –es decir, algo– más batallador en el Congreso de los Diputados. Si es Mas quien gobierna, Zapatero estará más tranquilo pero ni Montilla ni el PSC disfrutarán del coche oficial. De lo que no se puede dudar es de que vuelven con renovados bríos las tensiones entre el PSOE y el PSC. Los hermanos vuelven a llevarse mal.

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