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Zapatero: no sabe, no contesta

La esperada entrevista, este lunes, entre el presidente del Gobierno y el líder del Partido Popular nos ha dejado un mensaje nítido: Zapatero ha sido incapaz de explicar a Rajoy qué pretende hacer con sus anunciadas reformas constitucionales. Después de una hora y cuarenta y cinco minutos, Mariano Rajoy ha dejado el Palacio de La Moncloa sin saber en qué consisten esas reformas, qué plazos están previstos y cuáles son los contenidos de cada una de esa reformas. Todo está como estaba y el tiempo sigue pasando. El Gobierno quiere reformar y reformar, pero todavía no sabe cómo hacerlo, cuándo y qué dimensión dar a esa reforma.
 
La entrevista entre Zapatero y Rajoy nos ha dejado algo evidente: este Gobierno no sabe lo que quiere. Después de los fuegos de artificio del principio, después de los iniciales “brindis al sol” ha llegado la dura realidad. Una cosa es predicar al aire y otra muy diferente es concretar. Una cosa es plantear desde la nada cuestiones de Estado y otra muy complicada entrar en la letra pequeña. Y ahora ¡amigo! estamos en la hora de la verdad.
 
Precisamente en esa evidente deficiencia se ha visto retratado el presidente del Gobierno. Y es que Mariano Rajoy le ha cogido la vuelta. Por lo que estamos viendo, el jefe del Ejecutivo había fundado toda su estrategia en ir a la contra del PP. Había articulado su discurso desde una “teórica” negativa del PP al diálogo. En el momento en que Rajoy le dice a Zapatero: “de acuerdo, hablemos”. El presidente del Gobierno se ha quedado desarmado, puesto que a la hora de la verdad no tiene propuestas concretas que hacer, no tiene calendarios que cumplir y no tiene iniciativas que defender.
 
Zapatero: no sabe, no contesta. El presidente del Gobierno no ha sido capaz de coger papel y lapiz para enumerar sus objetivos y sus intenciones de reforma constitucional. Después de ese ¿talante de diálogo? nos encontramos que es difícil dialogar puesto que no tiene un modelo pensado y elaborado. Mariano Rajoy le ha vuelto a ganar la batalla a Zapatero. Al presidente del Gobierno se le empieza a desinflar su "globo de diálogo". Detrás de la demagogía aparece un preocupante desierto de ideas. Y hablando de la Contitución, eso significa jugar con fuego.