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Los Presupuestos del Titanic

El problema está en el mar que nos rodea: plagado de icebergs. Ojalá estemos a tiempo para cambiar el rumbo. Ahora bien, lo que está meridionalmente claro es que el Gobierno español ha sido avisado de forma activa y reiterativa.

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Hace unos días el Consejo Europeo dio un paso muy importante estableciendo nuevas reglas de juego para defender la deuda pública europea. El resumen de la medida puede condensarse en que niega la mayor; es decir, no reconoce una deuda "europea" como tal y sí, por el contrario, la deuda de cada país por separado.

Los Gobiernos europeos se han puesto de acuerdo para crear un mecanismo permanente de resolución de crisis que haga frente a las posibles quiebras de países europeos que forman parte del euro ante la patente preocupación por el venidero 2012, año en que expiran los fondos de estabilización de 750 millones de euros para rescatar países en apuros. El plan de quiebra ordenada ha sido una exigencia de Alemania. El contribuyente alemán está harto de solventar la insolvencia del sector privado. Si hay inversores que deciden comprar bonos de los distintos Estados europeos, que sean ellos los que apechen con las consecuencias de su inversión y no el contribuyente.

Esta posición subraya que, a diferencia de los EEUU, Europa no consentirá la monetización de la deuda pública de sus distintos países y, por tanto, se aleja del modelo de rescate directo, como el de Grecia, que siempre termina pagando el contribuyente. El modelo europeo, avalado e impuesto por Alemania, favorece la reestructuración de la deuda de los países quebrados. Y esto se traduce simple y llanamente en que cada palo aguante su vela.

La consecuencia inmediata de la adaptación de esta postura por el Consejo Europeo, y previa su codificación legislativa en las distintas instituciones europeas, es que la valoración del riesgo país de los más débiles acaba de sufrir un nuevo hachazo. Esto se ha podido comprobar en el diferencial del bono irlandés a 10 años contra el alemán que tras las reuniones del Consejo se ha disparado hacia el peligroso nivel de los 500 puntos básicos, donde se encontraba Grecia justo antes de entrar en quiebra técnica. Portugal también lo está pasando mal con un diferencial que se acerca a los 400 puntos básicos. Y nuestro país también es vulnerable. El diferencial de España contra Alemania vuelve a las andadas, superando los 185 puntos básicos y con tendencia al alza.

Ante esta nueva realidad de mercado, impuesta por una decisión política del Consejo Europeo y a instancias del contribuyente alemán, sorprende que nuestro Gobierno siga en su trece y no considere la inmediata aplicación de un "Plan B" para los Presupuestos en el año 2011. El consenso del mercado sobre una de las variables que mayor atención prestan los inversores, el déficit público, ya estaba muy alejado de lo previsto por el Gobierno para el conjunto de las Administraciones Públicas españolas. Frente a un déficit público en relación al PIB del 9,3% esperado por el Gobierno, el mercado esperaba al menos 9,6% en el 2010. Y para el próximo año las diferencias se ensanchan hasta un punto entero. No parece mucho, pero en un contexto donde la percepción de riesgo país se acaba de hacer más exigente, donde nuestra atonía económica queda cada vez más patente ante el incipiente crecimiento del norte de Europa y la pujanza en otros continentes, y donde no hay estadísticas mensuales de lo que verdaderamente está pasando en las comunidades autónomas y las entidades locales, salvo saber que su nivel de endeudamiento sigue creciendo, cuando puede, a ritmos explosivos, parece evidente que la situación crediticia española podría sufrir un nuevo batacazo en breve.

Rosa Díez acertó cuando califico los Presupuestos de 2011 como los del Titanic. Mientras tanto, nuestro Gobierno sigue navegando; con unos Presupuestos que nadie cree y rumbo, en el mejor de los casos, hacia no se sabe dónde. El problema está en el mar que nos rodea: plagado de icebergs. Ojalá estemos a tiempo para cambiar el rumbo. Ahora bien, lo que está meridionalmente claro es que el Gobierno español ha sido avisado de forma activa, reiterativa y, con la excepción de los sindicatos, de forma unánime por parte de todas las entidades competentes. Que cada palo aguante su vela.

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