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Columna publicada el 04-11-2004
El infame rendimiento de la Bolsa china es indicación clara del fracaso del socialismo de mercado y de la necesidad de instrumentar reformas en cuanto a la propiedad de las empresas. Sin verdaderos dueños de los activos y tasas de interés competitivas, el futuro del milagro económico chino está en duda.
El aumento de la inflación de cero a más de 5% en los últimos meses puede debilitar aún más su sistema financiero. El Banco del Pueblo de China (BPC) ha estado utilizando controles para reducir el crecimiento de los créditos, los cuales aumentaron en más de 20% en 2003. En la medida que se restrinjan los créditos aumentarán las deudas incobrables.
La falta de mercados de capital libres y tasas de interés competitivas obligó a China a aplicar medidas administrativas que en lugar de estabilizar el sistema financiero lo han vuelto más inestable. Si los bancos mantienen los intereses sobre los créditos por debajo de la inflación, continuará aumentando la demanda de préstamos y se acelerará la inflación.
La raíz del problema es que la política, en lugar del mercado, determina el tamaño y la dirección de las inversiones en China. Los intereses se fijan por debajo del mercado, causando una demanda excesiva de fondos de inversión. Y esos fondos van principalmente a empresas del gobierno, a través de bancos del gobierno. La corrupción y la ineficiencia se vuelven inevitables bajo ese sistema.
El hecho que la inflación está por encima de 5% indica que hay demasiado dinero tras insuficientes bienes. Intentos de persuasión o racionar el crédito no solucionan el problema. El BPC debe reducir el dinero en circulación.
El control monetario es complicado porque cuando fluyen dólares a China el BPC tiene que comprar esos dólares con dinero nuevo para mantener la tasa de cambio en alrededor de 8,28 por dólar, para luego reducir el dinero en circulación en una cantidad similar, de manera de evitar la inflación. Mientras más capital fluye a China más difícil resulta la "esterilización" de esos fondos. Y si aumentan los intereses atraerán más capital, lo cual a su vez aumenta la presión sobre la tasa de cambio.
EL BPC no se puede dar el lujo de instrumentar medidas administrativas para tratar de ocultar la causa real de la inflación y la distribución de créditos es una mala manera de organizar los mercados de capital. Si China quiere convertirse en un centro financiero internacional, inversiones guiadas por el mercado deben reemplazar a las decisiones estatales y China tiene que reconocer los límites de la política monetaria.
El BPC no puede fijar la tasa de cambio nominal y al mismo tiempo mantener una política monetaria independiente para lograr la estabilidad de precios, sin controles al capital. A la China le es cada día más difícil hacer cumplir los controles de capital. Las reservas ya pasan de los 500 mil millones de dólares. ¿Cuánto más capital quiere Beijing invertir (desperdiciar) para mantener la tasa de cambio?
China se beneficiaría eliminando los controles de capital, permitiendo la flotación del yuan, instrumentando políticas monetarias para lograr la estabilidad a largo plazo de los precios y permitiendo que un mercado privado de capitales asigne los fondos.
El problema es que una amplia privatización de los mercados financieros amenazaría el monopolio del poder del Partido Comunista Chino. ¿Por qué la clase dirigente va a ceder su acceso privilegiado al capital?
Aquellos que creen que la libertad del capital los llevaría al caos no comprenden que los controles les niega a los chinos sus derechos completos de propiedad, politizan las decisiones sobre inversiones y mantienen el poder en las manos del Partido. La reforma política debe avanzar paralelamente a la reforma económica para que China pueda resolver sus problemas monetarios, mejorar el rendimiento del capital invertido en la Bolsa y asegurar un desarrollo completo.
© AIPE
James A. Dorn es vicepresidente Académico y especialista en China del Cato Institute.
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