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Inseguridad ciudadana

Dejen de criminalizar a las víctimas

"La ley, ¡pervertida! La ley y tras ella todas las fuerzas colectivas de la nación, ha sido no solamente apartada de su finalidad, sino que aplicada para contrariar su objetivo lógico". Así empieza el más famoso ensayo de Frédéric Bastiat, La Ley, escrito hace casi 160 años. Lo rescata de la memoria el caso Tous, donde un inocente será encarcelado por la misma ley pervertida a la que hacía alusión Bastiat.

Hemos visto y seguiremos viendo cómo los políticos marean la perdiz diciéndonos que, para que haya más seguridad, necesitamos más policías y endurecer las leyes. Si lo aplican, el remedio será peor que la enfermedad. Uno de los principales problemas es creer que el Gobierno tiene los mismos intereses que nosotros. El Estado no puede garantizarnos nuestra seguridad todos los días a todas horas, pero sí puede imponer un estado policial que se limite a fiscalizarnos. Un ejemplo del libro lo hemos sufrido recientemente en Barcelona, donde la presencia policial ha aumentado con la excusa de la seguridad y el nivel de criminalidad se ha mantenido más o menos igual pero las multas han aumentado casi en un 50%. Está claro que los intereses no son los mismos.

Sólo nosotros y la economía privada nos podemos proteger de los criminales: alarmas, puertas blindadas, habitaciones del miedo, armas y vigilantes privados son respuestas reales a nuestras demandas reales. Sólo el libre mercado es capaz de ajustar la oferta de seguridad con su demanda. Llenar las calles de policías paseando arriba y abajo es actuar de forma ciega, inconsciente, populista, ineficiente y cara. Por ejemplo, el PP catalán querría llegar a un ratio de 5 agentes por cada 1.000 habitantes, ¿por qué 5 y no 6, 4 ó 500? No piense que es el resultado de un estudio de "sabios", simplemente lo dice porque es la media europea. Del mismo modo arbitrario podría haber escogido la de Alemania, el Congo, Colombia o cualquier otro país. Mientras ellos juegan a los chinos, nuestra seguridad pende de un hilo.

En los últimos asaltos que han tenido lugar en Cataluña también comprobamos lo poco que le importa a la administración nuestra seguridad. A las pocas semanas de los atracos a chalés, todos los vecinos se quejaron de lo mismo: la policía sólo estuvo presente después de los crímenes y se fueron con las cámaras de televisión. Fue un espectáculo equivalente a esos simulacros hiperrealistas que nos ofrecen los noticiarios, donde hay víctimas por todas partes y la policía, bomberos o cualquier otro órgano estatal de turno para la seguridad soluciona la situación en un abrir y cerrar de ojos. Es una acción de marketing muy bonita, pero el problema es que a la hora de la verdad esos expertos del estado nunca están aunque se les llame.

En España hace falta un cambio de mentalidad. ¿Qué significa eso de endurecer las leyes? ¿Que si nosotros herimos o matamos a un delincuente en nuestro hogar la ley nos retenga más tiempo en la cárcel por habernos defendido?

La solución real es cambiar para siempre esta perversa ley que criminaliza la defensa de nuestra vida y propiedad. En la anterior oleada de inseguridad la venta de escopetas corredera aumentó un 60%, luego es evidente que la gente no cree en la policía ni en la administración, pero encontramos la contradicción de que si defendemos nuestra vida o propiedad entonces los criminales seremos nosotros. ¿Qué tipo de sistema pervertido es este? La ley ha de volverse justicia y dejar de criminalizar a la víctima.

En el mundo de las ideas, desde los años noventa, se ha levantado todo una bocanada de aire fresco con estudios, libros y estadísticas donde se demuestra que una sociedad con libertad de armas es una sociedad segura. Ahora ya hemos visto empíricamente que los criminales, por más prohibición de armas que haya, siempre van armados; ningún terrorista va a matar con tirachinas. Hoy día, hasta los okupas barceloneses construyen sus propios bazokas y la Policía se los queda mirando. Los nuevos delincuentes van siempre armados e incluso se fabrican sus propias armas de fuego.

Hemos de insistir a esos políticos que parecen tan interesados en salvar a los criminales que hagan profundos cambios en las leyes e incluso en la constitución para que podamos defendernos de los criminales sin acabar nuestros días en prisión. Es importante dar más importancia a la legítima defensa de nuestras vidas y nuestra propiedad, que se aumente la libertad de armas para la gente decente y que se cambie ya esta pervertida ley que infunde más temor a las víctimas que a los criminales. Mientras el gobierno no haga nada de esto seguirá siendo coautor pasivo de estos atroces crímenes y asaltos. Mientras tanto, si se siente indefenso, cómprese un arma.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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