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El Bretton Woods del siglo XXI

Lo interesante es que la idea de un sistema de patrón oro se está planteando como idea más allá de la escuela austriaca. El llamamiento más destacado ha ocurrido esta semana de la mano de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo.

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El papel moneda siempre tiende a su valor intrínseco: cero
Voltaire(1694-1778)

Esta crisis, por increíble que parezca, está teniendo algo positivo. Una es la creciente atención que están mostrando algunos medios y particulares por la teoría de los ciclos de la escuela austriaca y el otro, algo más diluido, el acercamiento a lo que podría ser la vuelta a un sistema monetario sano.

La escuela austriaca de la economía siempre ha sido inflexible en sus posicionamientos y postulados teóricos. A diferencia de la gran mayoría de escuelas económicas, no se ha dejado llevar por las modas ni por el socialismo. En el plano del dinero, los austriacos siempre hemos defendido que los ciclos se producen por constantes oleadas crecientes de liquidez que emiten los bancos centrales por medio de políticas monetarias expansivas, ajustando los tipos de interés por debajo de su tasa natural. Todo ello crea una falsa sensación de ahorro que da lugar a aumento de las inversiones.

Este proceso no se respalda en producción real, sino en inflación que lleva a un colapso del sistema. La razón impulsora del proceso radica en un fraude: creación de dinero de la nada. Expresado de otra forma, los crecimientos económicos que acaban desembocando en burbujas no se deben a un ahorro o capital de dinero físico y real acumulado, sino a la promesa que ese capital existe. El problema es que los bancos no lo tienen, ya que han sido generados de la nada por el consentimiento de los bancos centrales.

Este sistema consigue engañar los mecanismos de mercado haciendo crecer las economías muy por encima de sus posibilidades reales. El mecanismo desatado provoca inexorablemente inflaciones crediticias que se expanden por toda la economía de forma desigual, encareciendo el precio de los sectores–burbuja como si ese ahorro ficticio existiese. La debacle ocurre cuando la demanda dice "basta" debido al fuerte aumento de los precios y posteriormente se contrae. Es lo que ahora llamamos crisis de liquidez. Ese es el momento en el que la burbuja pincha.

Casi cien años después que Ludwig von Mises plasmase esta teoría, (que le permitió predecir junto con Friedrich von Hayek la debacle de 1929), ahora algunas cabezas pensantes parecen haberse dado cuenta del daño que puede llegar a hacer el sistema actual de reserva fraccionaria gubernamental basado en falsas promesas.

Desde la política, Gordon Brown, primer ministro británico, ha hecho una llamada para crear el Bretton Woods del S. XXI. Difícilmente los poderosos decidirán volver a un sistema parcial de patrón oro como ocurrió en el Bretton Woods original o aboguen por quitarse poderes. Lo interesante es que la idea de un sistema de patrón oro, real o alternativo, se está planteando como idea más allá de la escuela austriaca. El llamamiento más destacado ha ocurrido esta semana de la mano de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo. Lea atentamente la nota que publicó Juan Ramón Rallo en su blog. Trichet habla de una vuelta a la disciplina monetaria de Bretton Woods (moneda convertible a oro). No es que fuese el mejor sistema precisamente, pero es un cambio de visión importante.

También, algunos analistas hablan de un decoupling progresivo del dólar a nivel internacional creando una cesta alternativa basada en materias primas de difícil convertibilidad (petróleo, uranio, etc.). No es una buena solución final ni mucho menos, pero dotaría al sistema en primera instancia de transparencia limitando los crecimientos crediticios. En definitiva, esta crisis nos ha de enseñar algunas cosas:

  1. El sistema de reserva fraccionaria gubernamental no inspira confianza y está basado en el fraude.
  2. Es un sistema que tiende totalmente a la opacidad, no es nada transparente.
  3. La fuente del crecimiento no puede ser el crédito fiduciario, sino el ahorro.
  4. La moneda ha de tener un respaldo más tangible que la promesa de una oligarquía política. El dinero ha de sustentarse en activos reales y convertibles.
  5. El dinero no es diferente a cualquier otro producto del mercado. Los monopolios por ley perjudican a una mayoría para satisfacer a una minoría. En algún punto se ha de permitir la competencia real entre monedas en un mismo espacio geográfico.
  6. Si el proteccionismo y la economía dirigida son nefastas para la comunidad, también lo es para el sector que usa como materia prima el dinero. Bancos centrales y organismos supranacionales compuestos por estados han de ser abolidos. Son parte del problema. Ellos han generado esta crisis con sus políticas de "estabilización de precios" y dinero barato.
  7. Es vital crear un sistema responsable. Los bancos centrales, como prestamistas de última instancia, y la continua intromisión de los Gobiernos diluyen toda responsabilidad hacia las empresas privadas. El sistema monetario ha de ser descentralizado y desnacionalizado. No tiene las mismas necesidades monetarias Alemania, que Grecia o España.

Curiosamente, mucha gente ya ha empezado a crear su particular patrón oro. En Alemania, Suiza, Austria y España, las reservas de oro se están agotando debido a la impresionante demanda que tienen. Como siempre, el hombre común es mil veces más sabio que toda la horda de burócratas que juegan cada día con nuestro dinero, bienestar y vidas.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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