Francia

Las consecuencias del Estado del bienestar

Siempre hemos mantenido los liberales que el estado omnipotente, y por lo tanto el estado del bienestar, degenera en el caos económico y luego en el caos social. Efectivamente, en una sociedad regida por el laissez-faire, la situación de Francia jamás se habría producido.
 
La inmigración no es la causante de los disturbios, ni la falta de integración planificada del Estado, ni siquiera la famosa intervención de Sarkozy, sino algo mucho más profundo: las políticas progres que durante décadas han insistido en culpar a los ciudadanos de los continuos errores de los gobernantes. Imagínese un escenario donde no existen regulaciones estatales, leyes que fiscalizan a los individuos y mantuviésemos las fronteras abiertas (cualquier inmigrante puede venir e instalarse). Cualquier persona podría hacer lo que quisiera bajo su propia responsabilidad: quien trabaje duro y sirva a la comunidad a través del libre mercado (ofreciendo aquello que la gente más urgentemente necesita) triunfaría amasando riqueza y bienestar individual.
 
Eso es lo que ocurrió a principios de siglo XX en Estados Unidos donde oleadas de inmigrantes iban al país para labrarse un futuro. No iban para crear un país socialista, conseguir logros sociales o crear un súper gobierno, sino para su bienestar individual; y éste trajo el bienestar general. Invertir el proceso sólo lleva a situaciones como la francesa. En los Estados Unidos de principios de siglo nunca se dieron disturbios como los de Francia. La gente llegaba con lo puesto, trabajaba en lo que podía y aprendía el idioma mientras se iba integrando en la sociedad. Cuando lo conseguían y tenían un capital ahorrado (casi no pagaban impuestos, y los inmigrantes menos) montaban comercios, empresas, medraban en otros empleos y lograron dar a sus hijos un estatus con los que ellos jamás habían soñado en Europa. Ansias de progresar bajo la propia responsabilidad individual: sin seguridad social, sin casi impuestos, sin visionarios ingenieros sociales. Ese fue el logro de Estados Unidos.
 
Pero en el estado del bienestar las cosas van justo al revés. El estado promete de todo con el mínimo esfuerzo. La consigna que hemos aprendido, y los inmigrantes también, es “quéjate de todo, el estado te lo dará gratis a costa del resto de la sociedad”. Además, últimamente hemos ido más allá. Lo hemos visto en España con las continuas huelgas violentas donde el gobierno de ZP ha cedido a las primeras de cambio. En Francia han encontrado un filón, han quemado miles de coches, destrozado la propiedad privada de comerciantes y particulares e incluso han matado a una persona. ¿Y cuál es la reacción política? Ambigua, pero siempre totalitaria, típica del estado del bienestar: tolerancia cero para los ciudadanos, y por otra parte, los políticos y grupos progres piden más integración planificada del estado a costa del honrado trabajador y de las buenas personas de Francia.
 
Hemos visto fuertes restricciones por parte del gobierno francés contra la libertad individual que además no han servido de nada. ¿Y para qué? Los toques de queda sólo castigan a la gente honrada. Si el estado prohíbe que la gente que no salga a la calle lo único que conseguiremos es que los delincuentes se encuentren a sus anchas. ¿O cree que si el gobierno da toques de queda los delincuentes van a acatar sus órdenes?
 
El estado del bienestar ha generado esta situación, y es que aquel que lo fomenta es, sencillamente, un sociópata tal y como muestran sus consecuencias. Este sistema de los políticos no ha conseguido sus promesas. Ahora es el turno de la gente, no del estado. Los parches económicos y sociales no sirven sino que agravan el problema. El mal es un sistema en decadencia y obsoleto que niega la libertad individual, el progreso y el libre mercado. No busquemos la solución en más represión ni en más limitaciones a la libertad. Acabemos con el socialismo de los políticos y creemos un auténtico sistema del bienestar individual y Capitalista.
Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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