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Merkel y Bush, ¿enemigos del libre mercado?

Así como un cerdo no deja de serlo por más que los políticos nos digan que es una gacela, el TAFTA y sus variantes no son más que socialismo e intervencionismo por más que Merkel y Bush juren que es "libre comercio".

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Ángela Merkel, actual presidenta de turno de la Unión Europea, se ha de encontrar con Bush para intensificar las relaciones de la UE y Estados Unidos. Una de las consecuencias del encuentro puede ser el nacimiento de otro NAFTA o CAFTA pero con la UE de protagonista: el TAFTA (Trans-Atlantic Free-Trade Agreement).

Al igual que el NAFTA y el CAFTA, el TAFTA pretende ser una "zona de libre comercio", pero entre la UE y Estados Unidos. Con el eufemismo de libre comercio los políticos aplicarán la vieja economía del mercantilismo, del corporativismo y aumento del control gubernamental, es decir, todo lo contrario a lo que cabría esperarse. No hay más que ver los puntos clave del acuerdo: intensificación de las regulaciones del mercado financiero, de las bolsas de valores, potenciación de los derechos de autor y reconocimiento mutuo de los estándares técnicos. Esto sólo para empezar.

El libre mercado de verdad no se basa en la regulación ni el control, sino en la libertad. La única razón por la que lo llamarán, si es que finalmente logran implantarlo, zona de libre comercio, en lugar de zona controlada por el Estado, es la mala fama de las palabras control y regulación. Cada vez que un político anuncia una medida para favorecer el libre mercado, lo que hace es empeorar la diversidad y la riqueza empresarial y, por extensión, la de todos nosotros.

Las izquierdas llaman neoliberalismo a estos acuerdos estatales y corporativistas. Otra nomenclatura que lleva al engaño ya que neocorporativismo o neomercantilismo serían nombres que lo definirían con más precisión.

El TAFTA y sus variantes lo único que aseguran es la hegemonía de los gobiernos a nivel internacional y el lento asesinato del libre mercado capitalista. Es un retroceso al socialismo y a la economía del fascismo (la impulsada básicamente por Mussolini).

Eso no significa que un país pueda tener tratados de libre comercio, pero han de ser sólo de desregulación, liberalización y eliminación de barreras tal y como tiene establecido, por ejemplo, Chile con países como Estados Unidos, China, Corea, México, India y muchos más. Un chileno mostraba la ventaja de estos acuerdos con una anécdota de una empresa española, que lleva sus jamones a Chile para procesarlos y luego exportarlos directamente a Estados Unidos, ya que el último tiene fuertes barreras de entrada a los alimentos para el resto de países. Esto es libre comercio, esto es capitalismo de verdad.

Los burócratas de Maastricht y Washington no trabajan en aras del saneamiento del mercado ni en sus resultados positivos como la creación de riqueza, aumento del poder adquisitivo y creación de empleo; trabajan sólo para sus propios intereses políticos y económicos, de ahí que quieran regular el mercado financiero para restringir la libertad de capitales y tener mayor eficacia en el cobro de impuestos o simplemente beneficien a sus grandes empresas y grupos de presión como la industria de Hollywood.

Así como un cerdo no deja de serlo por más que los políticos nos digan que es una gacela, el TAFTA y sus variantes no son más que socialismo e intervencionismo por más que Merkel y Bush juren que es "libre comercio".

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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