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Políticos, Roma y la libertad

Si queremos luchar contra la esclavitud eliminemos las leyes que la favorecen. En la antigua Roma este argumento habría sonado radical, pero para nosotros la libertad no es un plebiscito de nadie

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Toda forma hacia el intervencionismo siempre genera ganadores y perdedores en el corto plazo y perdedores en el largo plazo. La iniciativa del PSOE para “liberalizar” la Televisión Digital Terrenal (TDT) es un vivo ejemplo. Por una parte el gobierno socialista mantiene falsos lemas de “mayor pluralidad”, pero su reforma sólo busca crear un monopolio por ley que favorezca al Grupo PRISA en contra del resto de competidores; ERC toma una posición esquizofrénica de ahora sí y al minuto siguiente no; los populares quieren debatir para quedarse con un trozo del pastel; y los empresarios del sector se quejan de la agresión estatal.
 
¿Qué relación tienen la TDT, los políticos y la pluralidad? Ninguna. El PSOE, con la Ley Polanco pretende, no aumentar la competencia y pluralidad, sino conceder derechos y privilegios a una determinada persona, Jesús de Polanco, y de paso lucrarse a costa de la comunidad.
 
Si hemos de comprar la libertad y pluralidad al estado mediante concesiones y licencias es que no tenemos libertad alguna, es más, en este entorno somos los esclavos del estado.
 
Podemos ver un símil con el sistema de esclavitud que había en la antigua Roma. En esos entonces el esclavo sólo podía conseguir su libertad pagando una compensación a su dueño (domini). La ley abolía la libertad dando privilegios a unos a expensas de otros.
 
Un día llego el técnico de turno (hoy día sería un economista del estado) y en lugar de ver la esclavitud como una abominación y dejar de defenderla por ley, dijo que el aumento de las manumisiones (liberaciones de esclavos) que se estaban produciendo, junto con la disminución total de esclavos finalizadas las guerras, produciría un déficit de esclavos que resultarían en un aumento del precio de éstos, y por tanto, una menor rentabilidad para el dueño y la ruina de la sociedad. Augusto lo vio claro y aprobó la Lex Fufia Caninia en la que establecía un máximo de liberaciones en función del número de esclavos que poseía cada dueño. En otras palabras, Augusto, por razones técnicas y “sociales”, creó licencias.
 
La visión actual es: ¿qué derecho tiene el estado para crear licencias discrecionales sobre la libertad de cada persona? De hecho, la esclavitud es una absoluta aberración como acción no voluntaria y siempre es inmoral. Si queremos luchar contra la esclavitud eliminemos las leyes que la favorecen. En la antigua Roma este argumento habría sonado radical, pero para nosotros la libertad no es un plebiscito de nadie.
 
Vayamos más allá, y entendiendo la propiedad privada como el fruto de nuestro ser (vida) y esfuerzo (trabajo voluntario), ¿qué derecho tiene el estado para legislar o conceder licencias sobre lo que nosotros somos capaces de crear o adquirir sin su ayuda? ¿Por qué hemos de convertir la innovación, la elección, el trabajo y el ocio en una licencia del estado (de hecho todo lo que representa la TDT)? Que cada uno cree lo que quiera y que seamos nosotros con nuestra libre elección, y por medio de la libertad de mercado, quienes decidamos quién se merece o no una cadena de televisión o radio. Aquellos que mejor lo hagan, más beneficios acumularán. No es un juego político ni de técnicos, sino una cuestión de libertad; y ésta siempre conduce a la prosperidad.
 
Conceder licencias, o tratos preferentes a expensas de los demás no significa liberalización, sino imposición y monopolio de ley. Sólo hay una forma de crear más libertad económica y más pluralidad en los medios de comunicación: abolir todas las leyes al sector, regulaciones y contribuciones económicas forzosas (impuestos). Que cada particular y empresa cree tantas cadenas de televisión y radio como pueda o quiera. El estado no tiene ningún derecho a regular ni dirigir nuestra vida ni la de los demás. La única contribución que puede hacer el estado a la pluralidad mediática es dejar al sector en las manos del libre mercado. Pero claro, la libertad tal vez sea para los gobernantes un concepto demasiado radical.
Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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