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Últimamente estamos viviendo un resurgimiento de las tesis maltusianas de que el gran crecimiento de la población junto al desorden de la producción crearán un periodo de escasez de productos y materias primas que nos llevará, en varias décadas, a una crisis mundial donde todos moriremos de hambre. No es una profecía reciente, este mensaje hace más de 200 años que se va repitiendo y, evidentemente, nunca se ha cumplido.
La vía forzosa a la que nos quieren someter los oligarcas políticos para salvarnos pasa por el uso "eficiente y racional" de la producción y la ralentización del progreso económico. Curiosamente, los que abogan por este autarquismo primitivo se hacen llamar "progresistas"; qué contradicción.
Es sorprendente ver como los burócratas quieren planificar la economía privada y a sus consumidores en aras de la eficiencia y la racionalidad, dos términos que como nos ha mostrado la historia son incompatibles con el Estado. La Unión Soviética era el país de la eficiencia y racionalidad socialista, por eso desapareció sumida en la miseria.
Para estos visionarios épocas de economía sostenible son todas aquellas anteriores al capitalismo como la edad media o sistemas tan racionales como el cubano.
En realidad, antes de la era capitalista las hambrunas, epidemias y épocas de carestía se repetían cíclicamente; el capitalismo las erradicó gracias a esta anarquía de la producción que tanto criticaron personajes como Marx; y es que los actuales alarmistas no hacen más que un refrito de Marx. Él también criticó duramente la opulencia de la producción capitalista vaticinando que esta anarquía productiva acabaría con el propio capitalismo. De esto hace más de 150 años y sólo hemos mejorado. ¿No le parece este destructivismo marxista una tesis muy actual? ¿O tal vez es la actual la que es vieja? Sea como quiera ser, el "profeta" socialista se equivocó como ocurrirá con los actuales redentores del control y subordinación estatal.
Fíjese por ejemplo que los antiguos griegos comían una vez al día y solían comer sólo cereales, costumbre muy sostenible pero poco saludable. Gracias a la revolución capitalista ahora comemos tres veces o más al día, hemos alargado la esperanza de vida hasta más de los ochenta años y nos resulta ridículo que podamos morir de inanición. ¿De verdad hemos de volver a ese "sano desarrollo sostenible" precapitalista?
Los que abogan por la eficiencia y racionalidad productiva nos dicen que interioricemos el modelo cubano. Lo que no parecen recordar es que recientemente, en algunos lugares de Cuba, el Estado ha tenido que permitir ciertos mercadillos privados antes prohibidos –donde sólo se venden algunos tipos de alimentos básicos– para acabar con el hambre y el mercado negro que está muy perseguido en el país socialista. La dictadura cubana no parece entender por qué la gente se empeña en vivir pese a haber puesto en marcha un modelo tan "sostenible".
Lo que no pueden explicar los alarmistas, ecologistas y socialistas es por qué en la época en que Occidente más consume, esto es, ahora mismo, no padecemos hambrunas, no tenemos carestías y no sólo eso, si no que nuestro bienestar material es el más alto de la historia y con mucha diferencia.
Seguro que algún día llegará el fin del mundo para la humanidad, pero no será por el capitalismo, sino por las políticas de producción eficiente y racional al estilo cubano o medieval que quiere imponer el Estado y sus intelectuales asalariados. Si lo que queremos es evitar las anunciadas catástrofes productivas que nos vaticinan los alarmistas la solución es muy sencilla: más libertad individual y más capitalismo.

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