Opinión
Noticias y opinión en la red
Tras la boda

Un girondino, un juancarlista, un monárquico

Los girondinos, aquellos revolucionarios franceses de provincias, no se arredraban a la hora de declararse, incluso delante de Luis XVI, “republicanos de corazón”. La monarquía, decían, era una “circunstancia” útil para el verdadero interés y objeto de cualquier régimen liberal –el reconocimiento y garantía de los derechos individuales–, pero sustituible por la república al primer contratiempo. Aquel “monarquismo circunstancial” se desmoronó cuando el Rey decidió sustituir a los ministros girondinos por los constitucionales de La Fayette. Luis XVI acabó siendo Luis Capeto.
 
En España resucitaron los girondinos según nacía la democracia, a pesar de lo cual el republicanismo hispano se ha movido por los mismos parámetros que hace 200 años. Es mucho más un antimonarquismo irritado, de pecho al aire y gorro frigio, de banderita y revancha, que la exposición de un proyecto político definido y alternativo. Los partidos de la izquierda, de la mano de Felipe González y Santiago Carrillo –que se desdijo de su ocurrencia de “Juan Carlos I, el breve”–, abandonaron su republicanismo ideal a principios de los años ochenta, entre el intento del golpe de Estado de 1981 y la victoria socialista del año siguiente.
 
El “juancarlismo” apareció entonces, sirviendo de coartada intelectual a aquellos republicanos que, al estilo girondino, veían en la Monarquía una “circunstancia”, algo momentáneamente útil. Juan Carlos I les parecía un rey que había demostrado, “a diferencia de los anteriores”, su amor a la libertad y a la democracia. Así, no desdeñando el anhelo republicano, se declaraban defensores de la persona que encarnaba la Corona porque garantizaba los derechos individuales. La actuación del Rey en la jornada del 23-F era puesta constantemente como ejemplo de maridaje entre S.M. y el pueblo. En realidad, el “juancarlismo” escondió la reconversión monárquica vergonzante de buena parte de la izquierda. Y no nos ha abandonado, a pesar del sentido y vocación probados por la Monarquía española.
 
La Monarquía se ha mostrado como la mejor institución de consenso, común a todos los españoles, que garantiza la continuidad de sus principales valores. La Corona en la dinastía Borbón es así, en democracia, un símbolo más de la nación española, junto a la bandera, el himno y el escudo constitucional. Incluso la teoría sobre la monarquía limitada de Walter Bagehot, tan simple, y tan querida por los monárquicos circunstanciales, la satisface con creces en su papel de “institución dignificada” y “dignificante”. Es decir, cumple las facultades que la Constitución le otorga, siguiendo el modelo de las monarquías nórdicas, y la Familia Real refleja los sentimientos y principios más elevados de la sociedad española. De esta manera, la Corona desempeña la función institucional de símbolo de continuidad y unidad, junto a las instituciones democráticas que reflejan las variaciones en la opinión pública. Estas características y comportamiento permiten que la Corona fortalezca el crédito y la confianza internacional de España. Y este símbolo es superior al titular de la Corona, pertenece a la nación y a su proyecto como país.
 
España no será mañana republicana, porque no es un proyecto de los españoles, que en su inmensa mayoría se sienten monárquicos. Aun así, el “juancarlismo” superviviente, tan correcto con las sensibilidades nacionalistas como desdeñoso hacia lo español, nos ha privado en la boda de los Príncipes de Asturias de la exaltación de los otros tres símbolos nacionales. Sustituyeron en las calles la enseña nacional por pendones rosas con una “M”, el escudo constitucional por espirales floreadas, y la Marcha Real por un chotis de Agustín Lara –magistralmente interpretado, eso sí, por la Canal Street Band. El desdén hacia los símbolos, perfectamente calculado, impensable en cualquier otro país, ha sido una ocasión perdida para reforzar el sentimiento nacional. No obstante, lo más probable es que fuera precisamente esto lo que se buscaba. ¿O no quiso Maragall que el Forum de Barcelona se inaugurase por el Rey sin banderas ni himnos?
 

Lo más popular