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Zapatero tiene un proyecto político para España. Consiste, sencillamente, en la destransición, esto es, en desandar lo recorrido desde la muerte de Franco hasta la llegada del PSOE al poder. La transición creó nuestra democracia "de la ley a la ley", sobre el frágil cimiento de unos pocos consensos básicos que nos permitirían reengancharnos con la Historia y dejar la Guerra Civil para los historiadores.
El más importante de esos consensos es el principio de que todos tienen derecho a la participación democrática en el poder, y como muestra máxima de aquél espíritu podemos recordar la presentación de Santiago Carrillo en Madrid por parte de Manuel Fraga. El PSOE, que en cuanto ha tenido ocasión histórica de demostrarlo, ha conspirado contra la democracia, se opuso. Quería la "ruptura" y decidir las reglas de juego como si acabara de empezar. Los españoles rechazaron abrumadoramente la ruptura y el PSOE se vio forzado a aceptar, a regañadientes, la transición.
No les ha ido mal, pero cuando el PP ganó por mayoría absoluta en 2000 tuvieron claro que esta democracia no les vale. Eligieron (por poco) a un iluminado que, una vez en el poder, se ha lanzado a romper uno por uno todos los consensos políticos con que se tejió el acuerdo de 1978. El territorial, con el Estatuto de Cataluña. El del terrorismo, buscando un pacto con la ETA. El histórico, enlazando nuestra democracia con la Segunda República. Y, al fin, el político, queriendo dejar al Partido Popular al margen del sistema. Todo está relacionado. Saben que el PP no puede estar ni en la quiebra de la unidad nacional, ni pactando con los terroristas. Y la vuelta a un feroz guerracivilismo sirve para nublar el juicio de la gente con orwellianas sesiones de odio dedicadas a "la derecha" (el PP).
No faltan lo que los cursis llaman "gentes de la cultura": gente ingeniosa, pero que no aportan nada, aparte de hacer gestos frente a una cámara y extender la mano ante el dinero público; el suyo, lector. Por razones que se me escapan, lo reconozco, tienen influencia en el ciudadano medio (con cuya vida nada tienen que ver y que en el fondo desprecian violentamente). Este fin de semana han representado su último papel. Bien cobrado, eso sí, que a éstos no hay quien los mueva si no es a paladas... de dinero. Y lo han hecho cerrando el discurso de la destransición; dejándolo en su desnuda y brutal sencillez: el PP sobra.
Federico Luppi dice de la posición del PP que "excede hoy el marco ideológico y se ha convertido en un ejercicio de perfidia, mediocridad y bajeza política". Es decir, que no juegan dentro de lo permitido: "la oposición no existe, sino que es puro obstruccionismo". Sigue diciendo que "nos va la vida en crear un cordón sanitario para evitar que esta derecha cerril y casi gótica se adueñe del pensamiento español. Se trata de evitar que España se rompa". Si "la derecha" ya está "fuera del marco", sólo habrá que formalizar la situación. Han empezado por negarle (¡ellos!, ¡qué risa!) el carné de demócratas y la legitimidad para volver al poder. Hasta dónde piensan llegar es aún una incógnita. Nos quedan nueve meses (en lo que calculo que habrá nuevas elecciones) para despejarla.
José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

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