Desde la cofa

Desarrollo y efecto invernadero

Ya es oficial. Kioto está muerto. Se plantea reducir por medio de mandatos y regulaciones las emisiones de CO2 a la atmósfera. Esta semana ha concluido en Montreal la oncena conferencia sobre Cambio Climático y lo único que han podido acordar los 10.000 delegados de 189 países es que van a seguir negociando. Y eso que el objetivo era encontrar un acuerdo que sustituyera a Kioto, cuyo mandato termina en 2012. En realidad nunca ha empezado y por dos razones. Los dos primeros emisores de CO2 no están dentro del acuerdo. Estados Unidos porque su senado decidió democráticamente no ratificarlo con 95 votos y 5 abstenciones y a China (como a India y otros grandes emisores) se le dejó al margen. Y el segundo motivo es que quienes sí lo han firmado se dedican a incumplirlo de forma sistemática.
 
Dentro de la conferencia sobre Cambio Climático hay dos visiones distintas de cómo contribuir a una reducción de las emisiones de efecto invernadero. Por un lado la vía política, que prevé la creación de un gobierno mundial que controle el desarrollo económico desde Naciones Unidas, ese depósito de virtudes. Planificación y regulación con los perniciosos efectos que cabe esperar. Ni los propios firmantes han podido llegar a un acuerdo, ya que Rusia se negó a firmar un primer texto con cierta concreción.
 
La otra visión es la que representa el Acuerdo Asiático-Pacífico de Desarrollo Limpio y el Clima (AP6), que han firmado Estados Unidos y Australia (que se han negado a ratificar Kioto) junto con Japón (que sí lo ha hecho), China, India y Corea del Norte. No buscan la imposición desde órganos burocráticos, sino que confían en que el desarrollo económico resultará, como subproducto, en un uso más eficiente de los recursos y en una menor emisión de gases de efecto invernadero. No es un ataque al crecimiento y el desarrollo económico, como Kioto. Todo lo contrario. Es más, en la firma del acuerdo de estas seis naciones aparece como uno de sus objetivos la reducción de la pobreza. Se centra en la creación y utilización de tecnologías que desprenden menos gases con efecto invernadero.
 
Como ejemplo claro del fracaso de la planificación y del éxito del desarrollo económico y tecnológico en sociedades libres, no hay más que mirar qué ha ocurrido en los países de Europa del Este que han logrado zafarse del comunismo. Las emisiones de CO2 del antiguo bloque soviético se han reducido desde 1990 en un 39,6 por ciento. Les ha bastado con sustituir el ineficiente sistema industrial comunista.
 
¿Han oído ustedes hablar del AP6? Porque juntos concentran el 45 por ciento de la población mundial, producen el 49 por ciento de la economía global, consumen el 48 por ciento de la energía y emiten también el 48 por ciento de las emisiones de los gases de efecto invernadero. Pero sí habrán oído hablar de Kioto, un acuerdo que compromete (poco, porque lo incumplen) al 32 por ciento de las emisiones de dichos gases y el 36 por ciento del consumo de energía. En Montreal, el intento de combinar menores emisiones con el desarrollo económico de AP6 y no luchando contra el desarrollo económico, como hace Kioto, ha comenzado a despertar el interés de diversos países, por lo que parece que el futuro se encamina más hacia ese camino.