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La crisis económica está despertando respuestas de toda laya. Los gobernantes hablan como si no estuviesen ellos en el origen de la crisis. Pero entre sus causas se encuentran sus bancos centrales, sus bibliotecas de regulaciones complejísimas y sus instituciones, como Fannie Mae y Freddie Mac, creadas todas ellas con la promesa de prosperidad para todos y recesión para nadie. Cuando ésta llega, resulta que el Estado jamás estuvo presente, que todo es responsabilidad del mercado y que ahora han llegado ellos para salvarnos. No tienen vergüenza y la gente no tiene memoria.
Pero eso es previsible. Lo que me llama la atención son dos respuestas a izquierda y derecha, a cual más inquietante. La derecha dice que la crisis económica deriva de una crisis moral, enraizada en el materialismo y la avaricia. Hay quien lo cree sin hacerse algunas preguntas obvias. Si las crisis son el fruto podrido de la avaricia, ¿qué hace que este mal moral vaya por ciclos? ¿Qué relación hay entre la avaricia y los fenómenos monetarios que determinan los ciclos? ¿Cómo puede el materialismo desplazar a las causas económicas en las consecuencias económicas? No se hacen estas preguntas y se quedan con un torpe juego de palabras porque hay quien en cuanto escucha la palabra "moral" renuncia a hacer trabajar al cerebro más que para mantener las funciones básicas.
Muy llamativo es el caso de la izquierda, que le ha tomado gusto a esto de exhumar cadáveres y está haciendo lo propio con Carlos Marx. Este domingo se publica un artículo en El País que, dejándose llevar por el espíritu de los tiempos, habla de El retorno de Marx. Su autor, Ángel Rupérez, exime a Marx de quienes se empeñaron en llevar a término sus ideas, tan preñadas de "soluciones finales". Según Rupérez su mensaje es el mismo que el de la derecha, que la crisis proviene de "la idolatría del dinero" o "la primacía del dinero como valor supremo".
No voy a desmontar a Marx, que eso ya lo hicieron Eugen von Böhm Bawerk y Karl R. Popper. Pero llama la atención que la izquierda siga enfrentándose a las sociedades libres con un fracaso teórico, ético e histórico como es Marx. Incluso la izquierda más moderada (y parte de la Iglesia) sigue utilizando los despojos ideológicos de Marx para criticar al capitalismo. Puede obviar la historia, por incómoda, como hace Rupérez. O asumir que el socialismo, en dosis concentradas, es condenable. Pero sigue recurriendo a los mismos esquemas, cuya ventaja es que todo el mundo los conoce y muchos los asumen incluso en las antípodas de Marx, pero paraliza lo que debiera ser una regeneración ideológica de la izquierda. Quizás no dé para más. Acaso sólo sepa escribir notas a pie de página de El Capital, aunque no lo haya leído. Pero me da que cada vez que se le saca brillo al cadáver de Marx, la izquierda se hunde un poquito más.
José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

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