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Menores impuestos frente a subvenciones

Rajoy ha hecho algo más importante e inteligente: ha conseguido contraponer las ideas liberales al populismo socialista del PSOE.

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Mariano Rajoy anunció ayer una importante reducción fiscal cuyo vértice más publicitario es que siete millones de trabajadores dejarán de pagar el IRPF si el Partido Popular gana las próximas elecciones generales del 9 de marzo. Es una buena noticia que además recupera para el PP, al menos por un tiempo, el protagonismo en la agenda política nacional.

Su discurso en la convención nacional de su partido me recordó al que pronunció Ronald Reagan en su primer juramento como presidente de los Estados Unidos. Aquel en el que dijo que son los ciudadanos con su esfuerzo los que debían solucionar los problemas económicos del país, mientras que el Gobierno debía de preocuparse de no gastar ni un solo centavo de dólar más del estrictamente necesario, porque el dinero debía estar en manos de sus legítimos dueños, aquéllos que heroicamente lo ganaban a diario.

En medio de las actuales turbulencias financieras que van camino de convertirse, particularmente en nuestro país, en una grave crisis económica, Rajoy ha sido audaz al plantear la reducción de impuestos, por cuanto las medidas anunciadas permitirán un cierto alivio en la economía doméstica de muchas familias asfixiadas por el despunte de los tipos de interés de sus hipotecas y suavizará, ya veremos cuánto, el desplome del consumo.

Pero Rajoy ha hecho algo más importante e inteligente: ha conseguido contraponer las ideas liberales al populismo socialista del PSOE.

La estrategia de Rodríguez Zapatero ya la conocemos bien. Pretende subsidiar a importantes sectores sociales, como hace Hugo Chávez en Venezuela o la familia Kirchner en Argentina, mediante dádivas que, en realidad, no son más que cheques pagados con nuestro propio dinero, y que previamente nos han detraído por medio de los impuestos.

A Rodríguez Zapatero, como en general a esa izquierda populista que él representa, lo que de verdad le interesa es perpetuarse en el poder, de ahí que el gasto social se convierta en un instrumento eficaz para que vastas legiones de estómagos agradecidos voten una y otra vez por el PSOE. En cambio Rajoy pretende gastar menos para que sean los ciudadanos, los contribuyentes, los que administren como quieran su propio dinero, sin que tengamos que agradecérselo a nadie más que al esfuerzo cotidiano de cada cual.

La política propuesta por Rajoy no sólo se traduce en una mayor libertad política, sino también en creación de empleo y un mayor dinamismo económico. Una sociedad subsidiada hace que bolsas enteras de trabajadores de baja remuneración, por debajo de los 16.000 euros anuales, no tengan demasiado empeño en competir adecuadamente en el mercado de trabajo. Los incentivos fiscales, en cambio, estimulan justamente lo contrario, permitiendo por tanto que nuestra economía sea más competitiva, que es justo lo que necesitamos ante la actual crisis de nuestro patrón de crecimiento.

Rodríguez Zapatero hace políticas desde la trampa y la irresponsabilidad; Rajoy desde el respeto y el sentido común. Ahora queda la batalla por la propaganda y ahí, como dice tantas veces Jiménez Losantos, la izquierda siempre sale con ventaja.

En Libre Mercado

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