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Apartad vuestra sucia mirada de nuestro dinero

El sistema financiero de un país resulta algo demasiado importante como para dejarlo en manos de una cofradía de alcaldes de tercera regional, concejales de urbanismo malayos y unos cuantos excelentísimos presidentes de diputaciones provinciales.

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Acaso sólo exista algo tan cierto como lo que acaba de sentenciar Solbes –"Es la crisis más compleja de la historia"– sobre ese carajal sincrónico provocado por muerte anunciada de la burbuja inmobiliaria, los precios encabritados del petróleo y la comercialización al por mayor de caramelitos envenenados envueltos en papel de derivado financiero. A saber, que de maquillar con infinito dinero público la infinita incompetencia privada de los dueños de constructoras e inmobiliarias, el siguiente batacazo del "capitalismo" español resultará el más simple y previsible desde Adán y Eva.

Al cabo, la delicada máquina de generar riqueza que responde por economía de mercado es un enorme castillo de naipes que apenas se sustenta en pie gracias a un potente cemento invisible que se llama responsabilidad individual. E, invariablemente, en el mismo instante en que esa argamasa ética se debilita o desaparece, el edificio entero se viene abajo. Así, si al final Sebastián y Zapatero lograran regalarle nuestro dinero al tal Martín para que ese genio de la economía del conocimiento volviese a dedicarse a lo suyo, o sea, a decidir la alineación del Real Madrid, cientos de anónimos martines en potencia comenzarían ya mismo a preparar el próximo crack del ladrillo. Es lo que siempre ocurre cuando a la tropa se le insinúa que su personal e intransferible necedad le saldrá gratis total.

Por lo demás, que no al margen, el sistema financiero de un país resulta algo demasiado importante como para dejarlo en manos de una cofradía de alcaldes de tercera regional, concejales de urbanismo malayos y unos cuantos excelentísimos presidentes de diputaciones provinciales. O sea, bajo el control de esos ignotos órganos de gobierno de las cajas de ahorros que, a imagen y semejanza del Caudillo, sólo responden de sus actos ante Dios y la Historia, jamás delante de una vulgar junta general de accionistas que se juegan su capital en el empeño. Privatizar de una vez las cajas de ahorros. He ahí la única cirugía eficaz para que todos esos gestores financieros que parecen tontitos cuando disparan con pólvora del Rey no volviesen a concentrar el riesgo de las entidades en el Martín de su capital de comarca.

Y ,mientras tanto, que no nos vengan con el chantaje emocional de los cientos de miles de puestos de trabajo que de todas formas se van a perder, con independencia de que intervenga o no el Gobierno en auxilio de las cuentas de resultados de las inmobiliarias. ¿O acaso alguien con dos dedos de frente cree posible seguir construyendo aquí más viviendas al año que en Francia, Alemania e Italia juntas?

Lo dicho: quita de ahí los ojos, Sebastián.

En Libre Mercado

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