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Debate de investidura

De las nanas de Sor Aya y otras desventuras

Cuentan de la noche que se congelaron las cataratas del Niágara que todos los lugareños se despertaron aterrados: por primera vez en sus vidas habían escuchado el silencio. Y, ayer, a uno le vino a pasar algo así ante este nuevo PP que bosteza en las Cortes bajo los atentos cuidados de Sor Aya y sus dulces nanas. Confieso que me ocurrió cuando el ministro de la Oposición se plantó en la tribuna y, con gesto firme y mirada serena, dio en echarle en cara a Zapatero que aquí tenemos un problema muy grave con... la inflación subyacente. Resulta que el Adolescente ni siquiera tiene empacho en confesar que lo de la pasada legislatura sólo fue el principio, que "hoy no terminan los cuatro años anteriores", y que lo que lo bueno está por llegar.

Resulta que aquel cheque en blanco firmado y avalado por el Congreso de los Diputados para que siga entendiéndose con la ETA continúa luciendo el "páguese al portador" en su encabezamiento. Resulta que la estabilidad del Gobierno del Reino de España va a caer en manos de una partida separatista que tiene previsto maquinar un plebiscito ilegítimo, ilegal e indecente con el encomiable propósito de destruir el Estado. Resulta que la más urgente prioridad del nuevo Ejecutivo ha de consistir en la muy exhaustiva elaboración de quince balancitas fiscales con tal de que los gallegos puedan sentirse legítimos acreedores de Murcia, los extremeños airados deudores de La Rioja, y los aragoneses ufanos prestamistas de Andalucía.

Resulta que el PSC, sin que nadie en La Moncloa lo desmienta, pregona a los cuatro vientos que el nuevo sistema de financiación de Cataluña será equiparable al cupo vasco, dinamitando así todos y cada uno de los principios de solidaridad territorial en que se sustentaba el régimen autonómico desde el olvidable día de su gestación. Resulta que el rojo Bermejo anda con mucha prisa para echar otra palada de tierra sobre la tumba de Montesquieu, y el PSOE le ofrece a la leal oposición pastelear otra vez las sillas del Consejo General del Poder Judicial, a fin y efecto de que de la división de poderes no queden ni las aspas. Resulta que todas las turbinas de la locomotora del cambio de régimen vuelven a ponerse en marcha tras el inevitable impasse de los minutos de la basura.

Y resulta que el gran problema del PP es la inflación subyacente. En fin, ya lo dijo en su día La Bruyère: "Es una gran desventura no tener bastante talento para hablar bien, ni el suficiente juicio para callarse." ¿O fue Sor Aya?