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Nepotismo nacionalista

El hermano Apeles

Ahora que tenemos colocado al otro, habrá que ir pensando en algún apaño para el Arnau. Más que nada, porque el chaval ya se está poniendo en una edad, y no va a seguir toda la vida en la calle, que después pasa lo que pasa por culpa de las malas compañías. Aunque atar lo suyo no será tan sencillo como lo del Apeles. Y es que, desengañémonos, el Apeles era mucho Apeles. Ahí es nada: vicedecano del Ilustre Colegio de Abogados de Reus. Por algo cuentan los avisados que allí, en la metrópolis de referencia de la comarca del Baix Camp, no se movía una mosca sin que lo supiera el tete del Carod. Poca broma: Reus también es mucho Reus. Ya conocen el dicho: “París, Reus, Nueva York”.

Vaya, con semejante currículum, que el Apeles ocupara el sillón que fuera del “nen” Oriol ( Pujol) en la muy improbable Dirección General de Asuntos Interdepartamentales, ya nos supo a poco en tiempos del primer tripartito. Y esto otro, lo de que su hermano Josep Lluís haya reparado precisamente en él como el mejor embajador plenipotenciario posible de Cataluña ante el Estado francés, pues, qué quieren que les diga, es de Justicia (del ministerio, se entiende).

En fin, lo dicho: urge que nos centremos en arreglar lo del Arnau. Gracias a Dios (y a su padre), todos los demás ya están en nómina. Así, tenemos al simpático Ernest (Maragall) en la consejería de Educación, mareando con la tercera hora de castellano; al Manel (Nadal), puesto por el Joaquím (Nadal) en las antípodas del paro: sestea en un chiringuito que responde por Secretaría General de Movilidad; a uno que nadie había visto nunca y que dice llamarse Antoni Fogué, de nuevo presidente de la Diputación de Barcelona gracias a ser el presunto marido de la Manuela (De Madre).

Mantenemos, cómo no, a las dos cuñadas de Duran Lleida haciendo caja en la consejería de Turismo; y a la Eulalia (Pujol), sobrina del viejo patriarca, de delegada especial –o algo por el estilo– para la promoción de Cataluña en Helsinki; y a la Lluna (Baltasar), hija nada pródiga del consejero de Medio Ambiente, Francesc Baltasar, disfrutando del tercer coche oficial de la familia (su madre, la Maria Comelles, fue nombrada directora general de Calidad Ambiental por su padre, y ella, la nena, ejerce de asesora especial del president en materias , por lo demás, arcanas para el común). Et caetera.

Celebremos, pues, esa reciente resolución firme del Juzgado número 14 de lo Penal de Barcelona, la que condena a Arnau Montilla, a la sazón primogénito de José Montilla Aguilera, por andar reventando cabinas telefónicas en Las Ramblas en estado de congestión etílica. Al cabo, la sentencia no contempla ninguna inhabilitación especial para ocupar cargo público.