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Duran i Lleida

Mercenarios

Cuentan que hace unos añitos, pocos, el diputado de Unió Josep Sánchez Llibre gustaba exhibir en su despacho del partido un divertido fotomontaje. Se trataba de John Fitzgerald Kennedy y su mujer Jacqueline, sosteniendo en los brazos a un angelical retoño, el adorable bebé que por entonces llenaba de gozo sus vidas. Mas los rostros de la glamourosa pareja aparecían sustituidos por el del propio Sánchez Llibre, que hacía las veces de papá, y la efigie del dirigente de UDC Doménech Sesmillo, travestido de primera dama para la ocasión. A su vez, la dulce carita del querubín John John, fuente de aquel instante de inmensa felicidad en la familia, trocábase allí por la muy sonriente, gozosa, radiante faz de Josep Antoni Duran Lleida.
 
Eran otros tiempos, los viejos buenos tiempos. El hombre de máxima confianza de la dirección de Unió y jefe de Turismo de la Generalidad, Joan Cogul, aún no había aparecido en una pensión de Filipinas con una bala en la cabeza. Ni su cadáver, desaparecido inexplicablemente y convertido en un frasquito de negras cenizas inasequibles a cualquier peritaje judicial de ADN. Ah, los viejos buenos tiempos, cuando otro escudero del muy católico Duran, Fidel Pallerols, continuaba robando cientos y cientos de millones a los parados catalanes en el trinque de los fondos europeos de ocupación.
 
Qué tiempos felices, aquéllos, cuando en el juicio por malversación de fondos públicos contra nueve feligreses de la orden mendicante Duran aún no resonaba el siguiente diálogo ante el Tribunal:
 
- Viuda de Cogul: Mi marido recibía muchas presiones.
- ­Abogado 1: ¿Presiones para enriquecerse?
- Viuda de Cogul: No
- Abogado 1: Yo, de ésas me gustaría recibir bastantes.
- Viuda de Cogul: Presiones posiblemente de sus superiores. Antes había dicho que podrían ser cargos políticos.
- Abogado 1: ¿Para qué, para enriquecerse personalmente?
- Viuda de Cogul: No. Para ayudar a quien fuera.
 
El abogado dos, hombre tan curioso como adicto a las crónicas de sociedad, tercia en el interrogatorio y trata de obtener nombres de los supuestos ejecutores.
 
- Abogado 2: ¿El señor Durán Lleida?, que se dice que fue a su boda.
- Viuda de Cogul: Podría ser.
- Abogado 2: ¿El señor Sánchez Llibre, que no sé si fue a su boda?
- Estaba invitado, pero no fue.
- Abogado 2: ¿Es una de las personas del círculo político de mayor jerarquía que podría ejercer presión sobre este asunto?
- Viuda de Cogul: Podría ser. Mi marido era militante de Unió y participaba plenamente en ese partido.
 
¡Los viejos tiempos!, cuando esos nueve apóstoles del piadoso Duran todavía no habían sido condenados a un total de 27 años de prisión por hurtar el cepillo de los pobres en Casa Nostra. Y cuando los otros mercenarios, los catalanófobos vendidos al oro de Madrit, no hurgaban en los gadgets de Sánchez Llibre. Oh, la memoria, Duran. La memoria, ese gran cementerio, Josep Antoni.