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Surtido de perplejidades

País raro, éste. Promociona el turbio Blanco a la cúspide de un ministerio técnico, quizá el más difícil y complejo entre todos los que dan cuerpo a cualquier Estado moderno. Un célebre pícaro, amén de notorio iletrado.

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Desconcertante país, España. La prensa, unánime, tanto la de izquierdas y la rajoyesca como la de derechas, coincide en denunciar la más grave tara del nuevo Gobierno, a saber, que la señora de Orense adolecería de la mínima formación requerida para dirigir el Ministerio de Economía. Por lo visto, nada importa que el currículum de la señora de Orense acredite, entre otros notables méritos académicos, tales como poseer una ingeniería superior, que también es licenciada en Económicas.

Al contrario, quizá sea tamaña excentricidad –el que por primera vez en lustros un economista resulte llamado a dirigir la economía– lo que la inhabilite para el cargo. Repárese al respecto en que tanto Solbes como Rato, dos cráneos presuntamente privilegiados cuya pericia numérica nadie osa poner en cuestión, son simples licenciados en Derecho. País raro, éste. Promociona el turbio Blanco a la cúspide de un ministerio técnico, quizá el más difícil y complejo entre todos los que dan cuerpo a cualquier Estado moderno. Un célebre pícaro, amén de notorio iletrado, administrando una organización que gestiona recursos superiores a los de muchas multinacionales. Bien, pues la misma prensa que se escandaliza con el libre albedrío de ‘Pepe el del Popular’ recibe, indiferente, el inaudito nombramientoen Fomento. Eso, cuando no da en celebrarlo con desconcertante alborozo.

Así El Mundo, que en el clímax del delirio ha llegado a equiparar a ese alter ego del Buscón Don Pablos con Michal Kalecki, el genial autodidacto polaco que se adelantara a Keynes en la formulación de los conceptos clave de la Teoría general. Y es que ya deben faltar menos de cinco minutos antes de que descubran en el corruto de Palas de Rei a un nuevo Miguel Hernández. O quizá a la genuina reencarnación de Jorge Luis Borges, que también pudiera ser. País cómico, España. Leo en el periódico de Gabilondo que Gabilondo "asume Educación para evitar la revuelta estudiantil". Infiero, consternado, que los estudiantes españoles tenían previsto iniciar una violenta revolución en las calles si Gabilondo no hubiese visto satisfecho su deseo de sentarse en el Consejo de Ministros. Mas, por ventura, el nombramiento ha evitado la eclosión de un nuevo y sangriento mayo del 68. Alegrémonos de nuestra inmensa fortuna: gracias a Gabilondo ha estallado la paz.

País penoso, el de Prisa. Y también el otro.

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