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Estatuto andaluz

Vamos a contar mentiras, trailará

La prueba definitiva de que François Mitterand jamás pisó Sevilla está encerrada en este célebre aforismo de su dietario personal: "La derecha francesa es la más necia del mundo". Sin embargo, el tiempo, juez implacable, se ha encargado de desmentir a aquel viejo farsante, rehabilitando a cada cual en los títulos que en justicia le corresponden. Porque, al fin, el Partido Popular ha abierto la veda del esperpento por bulerías. Venga, pues, adelante. Avancemos todos juntos, y Javier Arenas el primero, por la senda que ha de elevar las chirigotas de Cádiz al bloque de constitucionalidad. Que dicen por ahí que en cierta ocasión unos compadres de Córdoba, entre finito y finito, bautizaron a Andalucía como nación. Nada, dicho y hecho: Ley Orgánica al canto.

Que el guasón de Antonio Gálvez Arce, Tonet para las enciclopedias de Historia Universal, proclamó el soberano Cantón de Cartagena el año de Nuestro Señor de 1873. Entonces, no hay tiempo que perder. Iníciense sin más demora los trámites parlamentarios que restituyan a Murcia los sagrados fueros que le hurtara la Constitución de 1978. Que Paco Martínez Soria, con Tania Doris y Luis Cuenca por testigos, declaró una vez, en el Paralelo, que Aragón ye nazión. Hónrese por el procedimiento de urgencia la sentencia germinal de aquel gran visionario. Y cuidado, no nos olvidemos de los suevos. Que el Rey y las Cortes nos sancionen ya lo de los suevos, que si no Manolito Rivas es capaz de plantarle fuego a la calle Génova entera.

Que sí, hombre, que sí, alegría y que no nos falte de na. Que cuando Don Ramón soltó aquello de que España es la deformación grotesca de la civilización occidental no se había tomado antes unas copiñas de orujo. Que no, hombre, que no; que, aunque manco, conocía el percal de primera mano y sabía lo que se decía. De ahí que la juerga flamenca de la Comisión Constitucional no terminase con la bendición de la realidad nacional andaluza en el marco discutido, discutible y soluble en azúcar de la Nación española.

Y es que desbordar por la izquierda a Chiquito de la Calzada ya se le antoja hazaña menor a Arenas. Tocaba, pues, rematar la faena con sus alegres señorías entonando a coro el "Vamos a contar mentiras" de las excursiones del cole. Razón de que en su Preámbulo –o sea, en nuestro epílogo– dieran en sentenciar que el artículo segundo de la Constitución establece a Andalucía como nacionalidad. Así, con un par. Y suerte de que en vez de leer a Canovas prefieran ojear el Marca. Sólo gracias a eso nos hemos librado de que firmasen que el primero reza: "Es español el que no puede ser otra cosa". Algo es algo.