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El regreso

Bono con todos

Durante algún tiempo, uno de los libros de saldo más ojeados de los establecimientos VIP’s, por lo menos en Madrid, fue uno titulado Bono con todos. Era una recopilación a todo color, y en papel de relumbrón (no me acuerdo si de publicación oficial o no), en cualquier caso caro, en el que José Bono, entonces presidente de Castilla-La Mancha, aparecía visitando, preocupado y afable, a representantes de todas clases de oficios y profesiones: bomberos, carniceros, monjas, albañiles, ingenieros... Así hasta donde la imaginación del lector dé de sí.

Ahora Bono, siempre tan sutil, ha aceptado volver a la política de la que se había alejado hace un año para “dedicarse a su familia”. Si entonces abandonó de la mano de Rodríguez Zapatero, regresa ahora de igual forma, después de haber engañado al presidente del Gobierno fingiendo que aceptaba la candidatura a la Alcaldía de Madrid al declarar que “no le amargan los dulces”.

Es el mismo Bono que ejercía de cacique en su región, el que abrió las heridas más sangrientas tomando por pretexto el accidente del Yak 42, el mismo que intentó hacer el pícaro en Washington, el que andaba de trapicheos con Hugo Chávez y el que organizó una farsa siniestra con su actuación en una manifestación de las víctimas del terrorismo.

Nunca ha aguantado a Rodríguez Zapatero y por la fiesta que organizó para su toma de posesión se deduce que no debe gustar nada del postsocialismo radical y multitodo de su jefe. De ahí que insista en que lleva cuarenta años en el socialismo, nueve de ellos en el PSP, el de Tierno Galván, forma altamente sui generis de socialismo. Eso sí, cuando se ejecutaban políticas como las que se han llevado en estos cuatro años, como la de la supresión del Plan Hidrológico Nacional o el Estatuto de Cataluña, Bono, cuyo amor a España parece de quita y pon, era especialista en fundirse él mismo con el paisaje.

El PSOE ha anunciado que José Bono, a cambio de seguir colaborando con Rodríguez Zapatero, acepta ser candidato a presidente del Congreso. En una democracia que se respetara a sí misma un tal anuncio sería considerado un insulto para el poder legislativo. Aquí pasa por centrismo. Se centra Rodríguez Zapatero, que quiere poner a un españolista de boquilla a pastorear al rebaño parlamentario con cargo al presupuesto, y se centra Bono, entre cuyos planes no entra, al parecer, molestar en el futuro a ningún nacionalista. Habrán encontrado el punto medio entre la “ej que...”, tan castizo, y la sofisticación de la alianza global de civilizaciones. ¡Qué país!