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Reforma constitucional

Desmantelamiento federal

A los socialistas les gusta invocar el federalismo como la base de sus propuestas de reforma del Estado y de la Constitución. Es una manipulación.
 
Federal es la organización de Estados Unidos, donde el Gobierno central asume determinados poderes y los Estados se reservan otros. No está en duda la unidad de la nación. Tampoco hay equívoco sobre la identidad de los individuos que componen el cuerpo político: son norteamericanos. Los Estados, por su parte, no representan naciones. Illinois no es una nación, como no lo es California, ni Texas. Los Estados garantizan que el gobierno de los asuntos públicos esté lo más cerca posible de los ciudadanos.
 
En la Unión Europea, son "federalistas" quienes pretenden que las instituciones de la UE vayan asumiendo cada vez más poder en detrimento de la soberanía de las naciones que componen la Unión. Los "federalistas" europeos piensan que se puede acelerar la creación de una identidad europea que irá borrando las fronteras nacionales ahora existentes. A la larga, Europa acabará convertida en una única nación. Los actuales Estados nacionales pasarían a ser el equivalente de lo que son los Estados en Norteamérica.
 
En España, la Constitución de 1978 es federal en la práctica, aunque no en el nombre. Se basa (artículo 2) "en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles". Todas las decisiones que se pueden tomar en los niveles gubernamentales no centrales están ya fuera de la competencia del Gobierno central. El Estado español es, de hecho, un Estado federal.
 
Por tanto, la apelación al "federalismo" no debería plantear mayores problemas.
 
Ahora bien, el "federalismo" que invocan los socialistas no es el "federalismo" del que estoy hablando. Este federalismo supone: primero, la existencia de unos Estados territoriales que asuman sus competencias y estén controlados por los ciudadanos; segundo, la existencia de un Estado central fuerte, que se haga cargo de los asuntos generales y garantice la igualdad jurídica y los derechos de todos los ciudadanos; tercero, la existencia de una única nación y una única identidad nacional, incompatible con otras identidades nacionales dentro del mismo territorio.
 
El "federalismo" socialista, como el antiguo "federalismo" republicano, supone punto por punto lo contrario de ese federalismo: primero, unos Estados que representan naciones soberanas y que tienden a ejercer un control muy intenso sobre sus "ciudadanos"; segundo, la existencia de un Estado central lo más débil posible, sin instrumentos para intervenir en la acción de los Estados territoriales; tercero, la existencia de varias identidades nacionales dentro de ese Estado. Ni que decir tiene que ese Estado no representa a una nación.
 
Cuando se empezó a decir que España era una "nación de naciones", se sabía muy que lo que se estaba afirmando es que España no es una nación, sino un conjunto de naciones soberanas. La gigantesca confusión que está sembrando el actual Gobierno sobre la palabra "nación" responde pura y simplemente al proyecto de desmantelar la nación española.
 
Lo negarán, y no les faltará razón. Para el progresismo español, bien representado en este Gobierno, esa nación no existió nunca. Zapatero quiere pasar a la historia como el gran gobernante que por fin se atrevió a deshacer esa ficción llamada España. Ese es el verdadero sentido del "federalismo" de este Gobierno socialista.