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Esperanza Aguirre

El ejemplo de Madrid

En la extravagante actitud de Rodríguez Zapatero y sus socialistas hacia Madrid se perfila algo más que una simple cuestión electoral. Castigar a los madrileños con recortes presupuestarios, amenazas, subidas de impuestos, cuotas sobredimensionadas de inmigración, obstáculos para mejorar las comunicaciones y otras lindezas lleva a los socialistas a una derrota segura en la capital de España. Ahora bien, no se castiga al electorado si uno quiere ganárselo.

¿Por qué el gobierno socialista actúa así? Cierto que hay una tradición socialista en esto. Felipe González puso de alcalde a un personaje que despreciaba, como era Tierno Galván, y la gente de Leguina hizo todo lo posible por asfixiar Madrid. ¿Pero por qué empeñarse en continuar esa historia que acabó tan mal?

Sencillamente, porque Rodríguez Zapatero y sus socialistas no pueden consentir que el crecimiento, la prosperidad, el dinamismo y la proyección internacional de Madrid se conviertan en lo que inevitablemente están llegando a ser, que es el modelo de una política nacional.

Además, si en Madrid hubiera un pequeño partido local-nacionalista que dificultara la mayoría absoluta del centro derecha, sobre la comunidad de Madrid lloverían regalos y prebendas. Regalos y prebendas envenenados para los madrileños, ni qué decir tiene, pero sumamente jugosas para los caciques que en tal caso gobernarían la comunidad.

Madrid no es sólo un ejemplo porque disfruta de un grado relativamente mayor que otras comunidades en cuanto a tolerancia, libertad y abstención del gobierno en los asuntos de la gente. También lo es porque carece de una oligarquía caciquil que se dé la gran vida a costa del dinero de los demás españoles, como ocurre en las autonomías gobernadas por caciques nacionalistas o social-nacionalistas (léase PSOE).

Ese modelo –más libertad y ausencia de nacionalismo– es el que Rodríguez Zapatero y sus socialistas no soportan. Y por eso, en el fondo, parece importarles menos ganar Madrid que intentar por todos los medios a su alcance dificultarles la vida a los madrileños y, si pudieran, arruinársela. Obviamente, los madrileños no están dispuestos a dejar que tal cosa ocurra. Bastante tienen ya con aguantar a los socialistas en la Moncloa, las Cortes, los ministerios y las innumerables dependencias oficiales.

Uno de los efectos paradójicos de esta actitud socialista es una situación que no tiene muchos precedentes en la historia de España. Y es que así como Madrid se ha convertido en un modelo práctico de lo que podría ser España si no gobernara el PSOE de Rodríguez Zapatero, los líderes políticos madrileños han alcanzado una dimensión nacional. Esperanza Aguirre es, literalmente, la encarnación de esa España que gracias a ella y a su equipo es algo más que un futurible.

Y también es sintomático, pero de algo muy diferente, que los socialistas no encuentren o no quieran encontrar un candidato alternativo para Alberto Ruiz Gallardón.