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Columna publicada el 21-12-2003
Bjorn Lomborg es un danés, nacido en 1964, que publicó en 2001 un best seller titulado El ecologista escéptico (Espasa, 2003). Lomborg es un estadístico y quiso aplicar sus conocimientos a una causa noble: demostrar que la libertad económica conduce a la destrucción del planeta Tierra y salvar a nuestro amenazado planeta proponiendo políticas medioambientales intervencionistas.
Pero Lomborg fue descubriendo que la hipótesis de la que había partido era inconsistente. Y acabó convencido de lo contrario: la libertad económica favorece la conservación del medio ambiente, mientras que la mayor amenaza procede del intervencionismo gubernamental. Es el fondo de la tesis de su libro, que le animó a publicar el economista Julian Simon, hombre optimista y generoso donde los haya habido y con el que Lomborg colaboró antes del fallecimiento de éste.
El movimiento ecologista se ha convertido por lo esencial en un lobby de franquicias anticapitalistas. Su principal objeto de interés es el poder y las rentas del dinero público o de las grandes empresas. Las cuestiones medioambientales han pasado a ser elementos instrumentales y propagandísticos. La tesis de Lomborg, que parecía muy seriamente documentada, resultaba peligrosa.
Al principio le salvó un poco el ser abiertamente gay, y sus contactos en el mundo ecologista. Pronto acabó la tregua. Hubo tremendas campañas de desprestigio político e incluso personal, con acusaciones de corrupción. También intervino un Comité oficial de la administración pública danesa, que se suele ocupar de cuestiones de plagio y falta de honradez en los textos académicos con pretensiones científicas. Este comité dictaminó que Lomborg había faltado a los criterios por los que se rige una investigación veraz. No valieron de nada las protestas de centenares de profesores universitarios daneses.
El 13 de febrero de 2003, Lomborg planteó una demanda de revisión ante el Ministerio danés de Ciencia, Tecnología e Innovación. El pasado 17 de diciembre, el Ministerio emitió un dictamen a favor de Lomborg, criticando duramente al Comité que lo había condenado. Según el Ministerio danés, el Comité ha incurrido en abuso, falta de imparcialidad e incapacidad para fundamentar con solidez sus propias aseveraciones (ver los documentos en www.lomborg.com/).
No hace falta entrar en el fondo del asunto para alegrarse de que una autoridad estatal danesa haya restablecido la libertad intelectual y el honor de Lomborg, que los nuevos inquisidores han querido destruir.
Hay que reconocer que los daneses son poco prácticos. En España se habría enterrado el asunto, y si por un milagro nuestro supuesto Lomborg hubiera logrado sobrevivir, entre Luis María Anson, un colaborador de Revista de Libros y cualquier estalinista a sueldo de Prisa habrían solventado el asuntillo en un abrir y cerrar de ojos. Con el visto bueno de algún intelectual nacionalista y –faltaría más- el beneplácito de la autoridad competente.

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