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Castro y Chávez

Geopolítica del zapaterismo

El desembarco de Hugo Chávez en La Habana ha dejado bien claro quién es el sucesor político de Fidel en la zona. Ahora se entiende la formidable inversión del caudillo bolivariano en la isla. Chávez ha comprado la primogenitura con una suma que Raúl no podía poner encima de la mesa.

Ideológicamente, Chávez hereda el liderazgo de lo que desde el primer momento fue la clave del castrismo. No el socialismo ni la utopía igualitaria, ni nada que se le pareciera. Ni por un solo instante se creyó Castro esas simplezas. La auténtica apuesta era el anti norteamericanismo, resorte perfecto para mantenerse en el poder y conseguir el apoyo de los progresistas. La cercanía a Estados Unidos era, paradójicamente, la mejor baza del régimen mafioso.

Chávez no ha podido extenderse en Perú ni en Colombia. Pero se asegura la isla, símbolo de la resistencia y de la nueva ofensiva antidemocrática. Se abre una transición manejada desde Caracas, con Raúl Castro en su papel de perro guardián y, como nuevos gestores, personas hoy en los segundos rangos, todavía oscuras, deseosas de asumir un papel en una futura Cuba de apariencia democrática y masivamente corrupta.

¿Qué papel le corresponde a Zapatero en todo esto? Primero, respaldar y legitimar un proceso monstruoso. En cierto sentido, el proceso que se ha abierto en Cuba es la rectificación de la transición española. Si alguien no lo impide, en Cuba vamos a asistir a lo que a Zapatero le habría gustado que hubiera ocurrido en España después de la muerte de Franco.

Zapatero significa también un apoyo importante en la Unión Europea, al mismo tiempo que la garantía de que el progresismo internacional sigue con Chávez. El caudillo bolivariano ya estará soñando con la presencia del heredero del trono de Felipe II para bendecir su protectorado en La Habana...

Zapatero aporta además su excelente disposición hacia los totalitarismos islamistas. Cierto que a Chávez no le hace mucha falta esa pieza, dadas las excelentes relaciones que mantiene con Teherán. Pero no viene mal que Zapatero, alucinado con la Alianza de Civilizaciones, le dé el visto bueno.

Todo eso sin contar con los negocios que florecerán en la isla y servirán, entre otras muchas cosas, para aliviar las heridas y los resquemores de la familia socialista española. ¡Dinero a la vista! ¿Qué más se puede pedir?

Madrid vuelve así a ser una pieza pequeña, pero importante, de algo parecido a lo que antes se llamaban los países no alineados. Se conforma un frente común contra la democracia y los derechos humanos, con los regímenes islamistas en una punta, Chávez y sus protectorados en la otra y en medio, en lo que fue España, el delirio de un aspirante a caudillo.

Todo, por cierto, con el visto bueno de los terroristas nacionalistas. Uno de los pocos puntos, si bien se mira, que distingue la geografía política de Zapatero de la del franquismo.