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Ismaíl Haniyeh celebra su victoria

La vida de jefe de una banda terrorista es más entretenida, y mucho más rentable, que la de profesor universitario o dirigente político al uso en una democracia.

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Justo después de la declaración de alto el fuego entre el Gobierno israelí y Hamás, reapareció Ismaíl Haniyeh, el líder de Hamás en Gaza, para proclamar, y celebrar, la victoria sobre Israel. A Haniyeh no se le veía desde que estallara la guerra, cincuenta días antes. Era de esperar que, después de tantas semanas escondido, estuviera por lo menos algo desmejorado. Nada más lejos de la realidad. Reapareció descansado, rozagante y lustroso, feliz por su victoria. Y es que, en realidad, a Ismaíl Haniyeh las cosas le van bastante bien.

Haniyeh nació en Gaza en 1963, estudió Literatura en la Universidad Islámica local y llegó a ser decano en su alma mater. Tiene algo de intelectual fanático, como tantos otros que se dejan llevar por una idea convertida en religión política. Nació en una familia de refugiados, en Gaza, y tiene trece hijos, entre los que ha distribuido su patrimonio, que no es pequeño. Estos mismos días se le ha visto haciendo más gestos de victoria en una de sus propiedades, en primera línea, frente al mar. A uno de sus hijos, al parecer, le cogieron en el puesto fronterizo de Rafah cuando intentaba pasar a la Franja con varios millones de dólares. Él mismo trató de introducir otros treinta millones a la vuelta de su primer viaje internacional como primer ministro, en 2006. Sin duda, la vida de jefe de una banda terrorista es más entretenida, y mucho más rentable, que la de profesor universitario o dirigente político al uso en una democracia.

Desde muy joven, Haniyeh estuvo próximo a los Hermanos Musulmanes, el tronco de Hamás. Encarcelado por Israel en varias ocasiones, empezó a progresar en la organización a la sombra del fundador del grupo, el clérigo fanático Ahmed Yasín. Ganó las elecciones en Gaza en 2006 y fue nombrado primer ministro por Mahmud Abás, que le retiró la confianza un año después. El enfrentamiento degeneró en la guerra civil palestina, un conflicto al que quiso poner fin el acuerdo de gobierno conjunto entre la Autoridad Nacional y Hamás del pasado mes de abril. Haniyeh, en cualquier caso, nunca ha disimulado que su objetivo no se limita al establecimiento de un Estado palestino. Consiste en la destrucción de Israel y la reconquista –en estos términos– de Jerusalén.

El aislamiento al que Egipto ha sometido a Hamás obligó a Haniyeh a aceptar el pacto con Abás. Ese mismo aislamiento también está en la raíz de las provocaciones (el asesinato de los tres jóvenes israelíes y el lanzamiento de cohetes contra territorio israelí) que desencadenaron el conflicto. Cincuenta días después de haber provocado la guerra, Haniyeh celebra lo ocurrido como una victoria. Es lógico que lo haga. La propaganda siempre ha sido una de las claves de la guerra. Y, sin embargo, hay algo particularmente repulsivo en esta celebración.

En estas siete semanas han muerto en Gaza más de 2.100 personas, entre ellas 518 niños y 296 mujeres. Hay más de 10.000 heridos y más de 10.000 edificios han sido atacados, de los que unos 2.800 han quedado destruidos, según la organización Al Mezan para los Derechos Humanos.

Sobre este fondo de vidas destrozadas, de ruinas y devastación, apunta también la pérdida de apoyos de la población a Hamás. Es posible que la épica tuviera algún atractivo en los primeros días. Debió de perderlo pronto, y la celebración por parte de Haniyeh intenta ahora capitalizar el alivio de la población.

Por otra parte, la brutalidad del tratamiento al que Hamás ha sometido a la población de Gaza no ha dejado de ser rentable para la organización terrorista. Israel ha demostrado otra vez que, siendo imbatible en términos militares, ofrece muchos puntos débiles ante la opinión pública y no es inmune del todo, como la democracia liberal que es, al debate, la polémica e incluso el desánimo interno. En Israel, a diferencia de lo ocurrido en la Franja, no se ha celebrado ninguna victoria.

Hamás no va a conseguir el puerto ni el aeropuerto, algo que a la población de Gaza le importa poco. En cambio, la reconstrucción de la zona traerá actividad económica, y mucho dinero. Hamás se prepara para aprovechar la nueva etapa. Y, por si fuera poco, Hamás ha conseguido que Egipto lo reconozca como interlocutor en las negociaciones. No ha roto el aislamiento, pero su presencia sigue contando.

No es de extrañar, por tanto, el excelente aspecto de Haniyeh en las celebraciones de su victoria. Mientras los palestinos no sean capaces de dejar atrás a personajes como Ismael Haniyeh, no habrá ninguna posibilidad de paz en la zona. Viven de eso.

© elmed.io

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