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Estados Unidos

La fiesta de la derecha

La American Conservative Union es uno de los muchos lobbies conservadores que existen en Washington DC. Sus principios son sencillos: promoción del capitalismo, creencia en la Constitución norteamericana, fe en los principios morales tradicionales, compromiso con una defensa nacional fuerte.
 
Fundada en 1964, cuando el conservadurismo americano apenas era algo más que un sueño o un delirio extravagante, la ACU destaca por organizar cada año, desde 1974, una gran feria abierta a todas las organizaciones, medios de comunicación, asociaciones o centros de cualquier tipo que se dediquen a promocionar las ideas y el compromiso con los principios conservadores y liberales (o libertarios) en Estados Unidos.
Otros años el acontecimiento se desarrollaba en Arlington, cruzado el río Potomac, allí donde la ACU tiene su sede. Este año se ha celebrado, entre los días 17 y 19 de febrero, en el Edificio Ronald Reagan, en el corazón mismo de la capital.
 
Convocar la Conferencia de Acción Política Conservadora (CAPCA) en el gigantesco Ronald Reagan Building es toda una declaración de confianza. El hall, imponente, presentaba varias filas de stands donde se acumulan sin orden ni aparente concierto toda una serie de grupos, empresas, bloggers y medios de información tradicionales. La lista de patrocinadores y participantes es espectacular. Los hay muy conocidos, como la Walt Disney Corporation o el Washington Times. Los hay muy respetables, como la Heritage Foundation, una de las grandes fundaciones conservadoras americanas, pero lo más notable es la cantidad de grupos, a veces minúsculos, que vienen aquí a darse a conocer, a establecer contacto y a hacerse oír.
 
Obviamente, no es una celebración para personas circunspectas. No sólo aparecen los más extremos y extravagantes representantes del conservadurismo y del movimiento libertario norteamericano. También hay un ambiente de entusiasmo, afianzado por la victoria de Bush en las elecciones, que el adjetivo triunfalista apenas logra siquiera evocar. Aquí no hay complejos de ninguna clase, y el patriotismo más exaltado, el culto a los símbolos de la libertad, la defensa de los valores tradicionales y el ataque despiadado a todo lo que huela a progresista se dan cita para tres días de reafirmación ruidosa y con ganas de diversión.
 
Además de la feria, hay firmas de libros (entre otros muchos, este año Michael Barone, con un nuevo libro, y Ann Coulter, acogida con auténticos aullidos de exaltación), conferencias y sesiones de discusión. No hay ningún complejo en exponer los puntos de vista aparentemente más radicales, como la defensa de los internamientos de japoneses en la Segunda Guerra Mundial, o más extremos, como los ataques más feroces a la inmigración ilegal.
 
Este año los veteranos de Vietnam que lanzaron las denuncias a John Kerry durante la campaña electoral de las presidenciales recibieron el Premio de la NRA, la famosa asociación a favor de la libertad de tenencia de armas.
 
Naturalmente, la referencia a la religión era continua, casi obsesiva. No faltaban los judíos, por otra parte, y aunque la presencia de afroamericanos no era abrumadora, está claro que la derecha americana ha dejado atrás el racismo.
           
Para un extranjero, la CAPC tiene muchos atractivos. Es un acto cien por cien norteamericano. En ningún país del mundo se puede celebrar un acontecimiento como este, en el que los principios conservadores y liberales se expresen con tanta rotundidad.
           
Por eso mismo, resulta un enigma. Aquí están las bases militantes de la derecha americana, y su franja más rabiosamente radical, rozando el fanatismo. Ahora bien, por lo menos por ahora, eso no perjudica al Partido Republicano. No ocurre lo mismo con los demócratas, a los que sí perjudica el progresismo radical. Aquí no. La proliferación de estos movimientos parece reforzar a la derecha.
           
Tal vez sea porque estos militantes se esfuerzan por jugar dentro del sistema, y no por destruirlo, o tal vez porque se inscriben, muy conscientemente, en una historia americana que reivindican sin parar. También es cierto que muchos de los que estaban allí siguen viéndose a sí mismos –con toda sinceridad- como unos outsiders, sin raíces en el establishment washingtoniano.
 
Otra explicación más ambiciosa es que el movimiento del que los participantes en la CAPC 2005 son la muestra más extrema está muy lejos de ser extremista de por sí. Estaría enraizado en una de las tradiciones americanas más consistentes, el eje de centro derecha al que se refirió, sin duda intencionadamente, Karl Rove durante su intervención centrada en la estrategia y los objetivos de la presidencia de Bush.
           
Hubo una discusión subida de tono, que luego se ha prolongado en la red, entre social conservadores (moralistas, partidarios de un Estado con peso) y libertarios (o liberales clásicos, descontentos con los déficits de Bush y sus programas médicos y sociales). Hay quien quiere ver aquí el inicio de una diferencia que acabará destruyendo la coalición en la que se basa la mayoría republicana actual. Es posible, aunque la línea de la administración Bush resulta, en esto como en otras muchas cosas, innovadora.
           
También se expresaron diferencias entre conservadores clásicos, menos partidarios del excesivo intervencionismo norteamericano en el exterior, y neoconservadores. En la CAPC llevan las de perder los neoconservadores: demasiado intelectuales y elitistas para la gente que se reúne aquí, aunque también en esto la administración Bush ha conseguido cambiar el marco de la discusión.
           
Finalmente, se votaron posibles candidatos para las elecciones presidenciales de 2008. Los resultados son poco concluyentes por la baja participación y la lejanía del acontecimiento. Los que más votaron fueron los jóvenes, muy numerosos en la fiesta de la derecha norteamericana. Ahora bien, por eso mismo los dos nombres con más respaldo son interesantes: Rudolph Giuliani y Condoleeza Rice.

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