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Bush - Kerry

La hija de Dick Cheney

En el tercer y último debate presidencial, el moderador, un veterano periodista de la CBS le preguntó al presidente Bush si pensaba que la homosexualidad era una opción, o una condición sobre la que el individuo no tiene ninguna capacidad de acción. Bush contestó que no lo sabía. Luego, como era de esperar, siguió hablando del matrimonio entre personas del mismo sexo, un asunto que está centrando una parte no del todo desdeñable de esta campaña. Bush habló de respeto y de tolerancia, pero también de defensa del matrimonio que es, dijo, un hecho que concierne obligadamente a un hombre y a una mujer, sin que eso tenga nada que ver el respeto que le merece la condición, o la opción, sexual de cada uno. Luego explicó con más claridad de lo acostumbrado su propuesta de enmienda constitucional en este sentido. No está encaminada, dijo Bush, a interferir en la legislación de los Estados, sino a impedir que unos jueces cambien por su cuenta la naturaleza de lo que la mayoría de los norteamericanos piensan que es el matrimonio.
 
En su turno, Kerry respondió que él considera que la homosexualidad no es una opción, sino una condición. Lo había podido comprobar, según dijo, por conocidos suyos que había intentado luchar contra “aquello” y no habían podido. Kerry expresó luego su negativa al matrimonio entre personas del mismo sexo, un rechazo que forma parte de su programa electoral, pero también su voluntad de no discriminar a nadie. Entre la lucha contra la homosexualidad y su no pero sí a la equiparación de las parejas de distinto y del mismo sexo, Kerry se empezaba a empantanar. Él ya sabía previamente que se iba a empantanar en este asunto. Y por eso sacó a relucir pronto a la hija del vicepresidente Dick Cheney.
 
A estas alturas del debate, todos sabemos ya que Mary Cheney, la hija de Dick Cheney, es homosexual. Ella no lo ha escondido, su padre tampoco, pero evidentemente no hacen ni quieren hacer de este asunto un tema político. Kerry en este debate, y John Edwards en el anterior lo han sacado a relucir. Los dos lo han hecho con el tono beatífico que en las novelas y los dramas anticlericales caracterizaría a una monja beata, meliflua e hipócrita. ¿Por qué lo hacen, y por qué suena tan falso y tan repulsivo?
 
A falta de claridad en sus propuestas, Edwards el cínico y Kerry el idealista sacan a relucir a la hija de Dick Cheney como un doble guiño. A los votantes conservadores –de Bush y de Cheney– les están diciendo que en sus propias filas, y entre sus  miembros más eminentes, también hay algo que huele mal. Y a los homosexuales, o a la comunidad gay, como se dice ahora, les inducen a reírse de la homosexualidad de la hija de Dick Cheney, a la que ni siquiera nombran. En primer lugar, se utiliza la homosexualidad de una persona con fines políticos. Y en segundo lugar, se mofan de la homosexualidad de esa persona. Es lo que los progresistas suelen hacer con los derechos de la gente: manipularlos y burlarse de ellos.
 
Si quienes se han arrogado la representación de la comunidad gay tuvieran alguna dignidad, deberían exigir que Kerry y Edwards pidieran disculpas: en primer lugar a Mary Cheney y a su familia; en segundo lugar a los homosexuales y en tercer lugar al conjunto de la sociedad, por tanta bazofia y tanta vileza.