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10-M

La manifestación más importante

Pues sí, Rajoy tiene razón cuando afirma que la de mañana es la manifestación más importante de la democracia. No se trata de negar trascendencia a la que siguió al 23-F. Pero aquella cerraba un episodio anacrónico y soldaba una alianza entre partidos, respaldada por la inmensa mayoría de los españoles.

Ahora es al revés. Los convocados para mañana sábado por el Partido Popular (y las innumerables asociaciones que se han sumado al acto, desde la AVT y la Fundación por la Defensa de la Nación Española a la Confederación Española de Policía) se reunirán en la Plaza de la Independencia, en Madrid, no para celebrar un éxito y dar por cerrada una etapa, sino exactamente para lo contrario: para evitar que se termine de perpetrar un nuevo crimen, de los muchos que han caracterizado nuestra historia, en contra de la libertad, la patria y la democracia.

De Rodríguez Zapatero no se fía ya nadie: ni los neocomunistas, ni los nacionalistas, mucho menos los socialistas, a poca cabeza que tengan, y menos aún sus propios ministros. Rodríguez Zapatero ha traicionado a todo el mundo, a los que considera sus enemigos políticos (el PP, sus votantes y simpatizantes), y también a sus propios aliados nacionalistas, aquellos con los que ha querido reconstruir el Frente Popular para expulsar a la derecha de la vida española.

Los únicos amigos que le quedan son los etarras. Quizás es porque desde el 11-M depende de ellos, o tal vez es que Rodríguez Zapatero está convencido de que la nueva España con la que él sueña los necesita. Sea lo que sea, Rodríguez Zapatero ha convertido a los etarras en el eje central de toda la vida española, en la raíz fundacional de la nueva España que se disponía, y sigue dispuesto, a crear.

La importancia de la manifestación de mañana es por tanto infinitamente mayor que la que siguió al 23-F. Consiste en hacer comprender a Zapatero y a todos los aspirantes a sustituirlo, que probablemente serán muchos más de lo que creemos, que la mayoría de los españoles no estamos dispuestos a que nuestra nación, nuestro país, nuestra patria, la idea por la cual soñaron y se sacrificaron nuestros padres y que nosotros vamos a dejar a quienes nos sigan aquí, va a ser el fruto de esa coyunda inmunda entre traidores y asesinos. Que no vamos a renunciar a una idea de España integradora, libre y democrática.

Después de muchas manifestaciones cuyo hilo común ha sido la libertad y la dignidad, ahora se anudan de una vez, a la llamada del único partido nacional y democrático que nos queda, la dignidad, la libertad y la patria común, España. Vamos a defender España, una propuesta moral, un legado de ilusiones y una aspiración limpia a ser lo que somos, sin imposiciones ni chantajes.

Eso es lo que Rodríguez Zapatero y sus amigos no comprenderán nunca.