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Chávez en España

La nueva Evita

El primer viaje al extranjero de Bush tras su reelección ha tenido por destino un país latinoamericano o, si se prefiere, hispanoamericano, Chile. Habrá quien diga que el viaje estaba motivado por una Cumbre Asia Pacífico. Es verdad, pero eso no le quita importancia a la primera cuestión, al revés. En primer lugar, da la medida de hasta qué punto el Pacífico puede estar sustituyendo ya al Atlántico en la nueva alianza estratégica en favor de la libertad. En segundo lugar, da una pista muy significativa de cómo algunos países de habla hispana están tomando posiciones en este gran giro. Y en tercer lugar, manda una señal inequívoca acerca de lo que está ocurriendo en Estados Unidos, donde el voto hispano ha sido decisivo para la reelección de Bush, es decir para la reafirmación de la voluntad de liderazgo de Estados Unidos en el siglo XXI.
 
España podría estar jugando una baza de primer orden en todo este proceso. Primero, porque si no hubiera traicionado a Estados Unidos como lo ha hecho, equilibraría la balanza a favor del mantenimiento de la alianza atlántica. Segundo, porque España podría seguir siendo un modelo y ejercer un liderazgo serio entre los países de habla hispana a favor de la libertad, la democracia, el libre mercado y la prosperidad. Estaría muy bien colocada en lo que parece un movimiento inevitable hacia el Oeste y tal vez podría librarse de lo que parece el inexorable camino a la insignificancia que ha emprendido la vieja Europa. Tercero, porque el ejemplo español proporcionaría a nuestro país una capacidad de influencia entre la población hispana de Estados Unidos, que podría empezar sentirse identificada con España y abriría a nuestro país gigantescas oportunidades económicas y culturales.
 
Pero el gobierno socialista tiene otra visión. Y esa visión tiene un nombre: Hugo Chávez, antiguo golpista, prototipo de los caudillos populistas que han causado la masiva emigración de americanos de habla hispana a Estados Unidos en busca de la libertad y la prosperidad que sus países no les ofrecen. Un gobierno aislado y marginado internacionalmente busca oxígeno donde puede. Lo ha encontrado en ese gran modelo para el futuro que es Hugo Chávez.
 
Franco, en 1947, lo buscó en Perón, y la imagen de Evita se superpone sin remedio a la de Chávez, como la de Franco se superpone a la de Zapatero. Volvemos a los buenos y añorados tiempos en los que éramos la reserva espiritual (ahora nacional socialista: hay cosas que no cambian) de Occidente y, en consecuencia, nuestros únicos aliados eran algunos regímenes árabes particularmente corruptos y las ruinas del fascismo todavía en pie en Latinoamérica. Ahora incluso los primeros nos desprecian. Siempre queda Chávez.
 
En realidad, la imagen es injusta… con Franco. El aislamiento de España en 1947 se debió a la política de Franco, pero también a unas Naciones Unidas en las que la Unión Soviética y sus regímenes satélites se permitían dar lecciones de democracia al resto del mundo. Franco no se buscó solo el aislamiento. Zapatero y el gobierno socialista, sí. Es un acto voluntario, premeditado y consciente. Hay que reconocer que en este viaje al pasado que está viviendo España, no podríamos haber tenido mejor tripulación que este gobierno.