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Visita de Gadafi

La tolerancia y el look

El realismo en política exterior obliga a veces, o casi siempre, a hacer el ridículo. Bien está que haya que llevarse bien con el dictador Gadafi por las reservas de gas que atesora su país y –nos lo tendremos que creer– por haber dejado de apoyar el terrorismo. Porque de su pasado terrorista, de eso no le cabe la menor duda a nadie. En realidad, el "realismo" o el "neorrealismo" político, esa doctrina que prefiere los dictadores a las democracias, vive de las rentas de la disuasión activa. Se recordará que hizo falta un ataque norteamericano y la invasión de Irak para que dejara de serlo. Así es como nuestros actuales gobernantes progresistas, tan amantes de las dictaduras, pueden prestarse a recibir dictadores como Gadafi.

Cosa muy distinta, de la que se aprovechan los tiranos pícaros, además de siniestros, como éste, es que haya que plegarse a sus caprichos. ¿De verdad era necesario autorizarle a instalar un tenderete en el Real Sito del Pardo, un recinto que forma parte del Patrimonio Nacional? También cabe preguntarse si el Gobierno de Rodríguez Zapatero, tan feminista como zerolista, encontrará un momento para recordarle a Gadafi lo que son los derechos humanos.

La homosexualidad está prohibida en Libia. Entre tres y cinco años de cárcel les pueden caer a quienes la practican. Es otro ejemplo de esa tolerancia con la que Rubalcaba ha caracterizado al islam esta misma semana, con el tono melifluo que adopta cuando sabe que está rozando el sarcasmo, es decir, cuando se está riendo a mandíbula batiente de la opinión pública, que es casi siempre. Sin duda que hay muchos musulmanes tolerantes. Entre ellos habrá algunos o bastantes homosexuales. Pregúnteles Rubalcaba por la práctica de la tolerancia en sus países. Ni se atreverán a contestarle, aunque él no dejará de reírse.

No se sabe tampoco que el zerolismo subvencionado –perdónese la redundancia– haya manifestado su indignación con el trato dispensado a los homosexuales –digamos a los homosexuales en general, a los del común– en Libia.

Eso sí, seguro que en el tenderete de Gadafi la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y el dictador intercambiarán interesantes secretos de... belleza. Si la vicepresidenta se presenta con el modelo de kapo de Auschwitz que lució el martes en la Fundación Telefónica, Gadafi se derretirá de envidia. Digno invitado para un Gobierno en el que el único personaje que al parecer trabaja compensa sus méritos empeñándose en parecer aún más friki que sus compañeros. Ya es mérito. Es otra de las facetas de la Alianza de Civilizaciones.