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Inmigración ilegal

La tragedia que no cesa

Al menos una de las tres personas que intentaron cruzar la valla de Melilla en la última avalancha de inmigrantes desde Marruecos fue muerto, al parecer, por disparos de la policía marroquí. Está por dilucidar la causa de la muerte de los otros dos. Por otro lado, al menos otras 21 personas han fallecido al naufragar la embarcación con la que intentaban llegar a Canarias.

La tragedia proporciona su dimensión auténtica al problema de la inmigración ilegal. No es que no haya tragedias en los aeropuertos o en los pasos fronterizos de los Pirineos, en particular en los de Gerona. Además, aquí es donde se produce la auténtica avalancha masiva de inmigrantes ilegales. Pero es en el sur, en Melilla, en Ceuta y en el mar donde la gente se juega la vida para llegar a España y empezar una vida digna.

En cuanto a los hechos de Melilla, habrá quien atribuya lo ocurrido a simple relajación de las autoridades marroquíes, que según esto habrían bajado la guardia mantenida desde las avalanchas de 2005. Habrá quien diga, en cambio, que las autoridades marroquíes han vuelto a presionar al gobierno español. ¿Por qué? Porque, entre otras cosas, los españoles de Ceuta y Melilla no deben dejar de sentir la presión de Marruecos. A ser posible en la nuca.

En cualquier caso, la retórica progresista es siempre la misma. La compasión hacia el sufrimiento y hacia los muertos se teñirá de buena conciencia con las lamentaciones usuales por la desigualdad.

Es cierto que España tiene un compromiso por cumplir con el desarrollo de los países africanos. Pero tendría que ir encaminado a la estabilidad institucional, la exigencia de democratización y la apertura de fronteras comerciales (las nuestras). La llamada cooperación al desarrollo sólo sirve, como se sabe de sobra, para enriquecer a los dirigentes locales y fomentar la corrupción.

Por otra parte, no es la valla de por sí la que causa el dolor y la muerte de tanta gente. Es una política muy precisa del gobierno marroquí. El gobierno marroquí abre el grifo de la presión migratoria según sus intereses. Y muestra su buena voluntad, por así decirlo, con actos cuyas consecuencias son en ocasiones tragedias irreparables y terribles como la ocurrida en Melilla.

¿Querrá decir esto que el vecino del otro lado del Estrecho ha aprendido del proceso de rendición ante los etarras lo que vale el ejercicio de la violencia? ¿Qué clase de capital está acumulando el gobierno de Marruecos para cuando llegue el momento, que llegará, de emprender un "proceso de paz" en las ciudades españolas del norte de África? ¿Es que alguien piensa que el desmantelamiento de España emprendido por el gobierno socialista va a acabar en Cataluña, el País Vasco y Navarra?