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Elecciones en Irak

La victoria y la vergüenza

El mundo era más seguro con Sadam Hussein. Eso es lo que se han hartado de repetir nuestros progresistas, los ministros y los aspirantes a ministros socialistas. Vivíamos mucho mejor, más tranquilos y felices con Sadam. Y ahora, después del éxito de las elecciones en Irak, seguirán diciéndolo, aunque habrá que ver los argumentos con los que intentan destruir lo que se ha puesto en marcha en Oriente Medio y en los países musulmanes.
 
España, hoy, podría participar en la fiesta de la democracia que se ha desarrollado en Irak. Podríamos habernos sentido orgullosos de que los soldados y los expertos españoles hubieran participado en este gran proceso por el que los iraquíes empiezan a dotarse de un régimen que les permitirá vivir en libertad. Hubiéramos estado con un pueblo que ha demostrado su valentía y su voluntad de ser libre. Y ahora podríamos ayudar a otros países árabes musulmanes a evolucionar. Se han empezado a cumplir las predicciones de quienes confiaron en que los hombres, de todas las culturas y todas las religiones, aspiran a la libertad y cuando se les da la oportunidad están dispuestos a sacrificarse para alcanzarla
 
Pues bien, gracias a Zapatero, a Bono, a Moratinos y a todos los ideólogos progresistas que nunca le dieron a los iraquíes la menor oportunidad, hemos vuelto a fallar a una cita crucial con la historia.
 
Nos rendimos vergonzosamente, desertamos en plena batalla, abandonamos a los iraquíes a su suerte (seguimos sin saber, por cierto, las condiciones en las que se realizó la humillante retirada del Ejército español y si es verdad que se negoció con los terroristas de Al Sadr) y ahora nos queda ver cómo Estados Unidos y sus aliados intentarán ayudar a consolidar lo que se ha puesto en marcha en estas elecciones. No será tarea fácil, evidentemente, pero el proceso está iniciado y es ya un ejemplo para muchos otros países. Mientras, en España seguiremos hablando de la “insurgencia”, contra la que se ha manifestado masivamente el pueblo iraquí, y del imperialismo norteamericano.
 
El gobierno socialista ha demostrado el aprecio que tiene por la democracia: ninguno. Lo que siente por los musulmanes y por los países árabes: desprecio. La que siente por la libertad: miedo. Mejor dicho, pánico. No mienten cuando dicen que estaban más seguros con Sadam. Los Sadam de este mundo son sus amigos.
 
En vez de luchar por la democracia en Irak, nuestro gobierno festeja a Mohamed VI y su corte de corruptos. Y en vez de estar con la coalición que ha ayudado a los iraquíes a ganar la libertad que merecían y por la que estaban dispuestos a arriesgarse, como se ha demostrado este domingo, les ríen las gracias a Castro y Chávez.
 
También con ellos el mundo de los socialistas está más seguro. Ahí la libertad está prohibida. Siento decirlo así, pero sólo una palabra resume lo que siento ante todo esto: asco.