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Rubalcaba

Licencia para mentir

Cuando Rubalcaba dijo que el atentado de Capbreton era un tiroteo estaba mintiendo. De haber sido un error –inconcebible, en cualquier caso– se podía haber disculpado, pero ha seguido diciendo, en la misma línea, que lo que en realidad estaba haciendo el comando asesino era preparar otro atentado en España.

Como Rubalcaba debe de haber perdido hace mucho tiempo el sentido cabal de las palabras "verdad" y "mentira", es irrelevante reprochárselo. Lo importante es preguntarse por qué afirmó tal cosa.

La primera respuesta, obviamente, es que quiso descargar la presión sobre su Gobierno, en particular sobre Rodríguez Zapatero y su política de negociación con los etarras. Un tiroteo resulta menos intolerable que un atentado a sangre fría.

Se aligera así la responsabilidad de los etarras, que de algún modo se habrían envuelto en un incidente imprevisto. Una parte de la responsabilidad se traslada inevitablemente, y aunque no sea ese el efecto querido por Rubalcaba, a las propias víctimas. Parece increíble que un hombre tan experimentado como Rubalcaba no haya medido la atrocidad de esta sugerencia.

¿O sí la había medido? En tal caso, hay una segunda explicación para la afirmación de Rubalcaba, y es que no estaba hablando a la opinión pública, sino a los propios etarras. El mensaje es obvio, y ya ha sido glosado estos días. A pesar de todo lo ocurrido, el Gobierno de España, como gusta de llamarse, les está diciendo a los etarras que mantiene abierta la puerta para unas posibles negociaciones.

Los etarras habrán entendido desde el primer momento lo que eso quiere decir. Es el mismo mensaje de debilidad que Rodríguez Zapatero y su Gobierno han estado enviando a los terroristas, ya sean etarras o islamistas, desde el 14 de marzo de 2004. Se han puesto en sus manos y no les queda más remedio que hablar de "trágicos accidentes" o de "tiroteos" cuando se trata de asesinatos terroristas.

En otras palabras, los terroristas saben que el Gobierno depende de ellos. Y el Gobierno no tiene más objeto de cambio que la vida de aquellos a los que debería estar obligado a defender. Las prioridades del Gobierno se han invertido: ya no se trata de defendernos de los etarras, sino de defenderse a sí mismo intentando que la opinión pública trague con lo de los "accidentes" y el "tiroteo". Todos los medios de comunicación oficiales y afines están puestos al servicio de ese objetivo. Un objetivo que nos deja al albur de la voluntad de los etarras. Y que no deja otro remedio al Gobierno que tomarse la licencia de mentir, mentir sin tregua.