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San Sebastián 13-D

Manifestación por España

Los que asistimos a la maravillosa manifestación convocada por ¡Basta ya! el sábado en San Sebastián pudimos celebrar algunas cosas, y comprobar otras, menos dignas de celebración. La manifestación estuvo sembrada de hechos significativos. Antes de arrancar, dos energúmenos intentaron colocar una pancarta a favor del terrorismo justo delante del Ayuntamiento, hasta que dos manifestantes se lo impidieron –a la fuerza– y los ertaintzas se llevaron a los boicoteadores. El único ertzaintza que iba con la cara descubierta era una mujer.
           
La manifestación era evidentemente pacífica y alegre, pero salvo alguna rarísima excepción los balcones de todo el recorrido permanecieron cerrados y a oscuras. Era una explosión de libertad, con algún toque de festividad navideña, en una ciudad fantasma.
           
En los autobuses puestos por el Foro de Ermua y por Manos Blancas, con la ayuda de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, se mezcló bastante gente. Había algunos jóvenes con pinta de alternativos y muchas personas de clase media, de las que siempre han sostenido la civilización y la tolerancia en España. Al comentar la presencia de los primeros, uno de los que pertenecían a este último grupo le dijo a otro: “Son comunistas, pero de los buenos.”
           
Hubo dos pancartas impresionantes. Una patética, muy sencilla, blanca, con letras rojas, que decía SOCORRO. Y otra muy hermosa, que se elevó entre el entusiasmo de los participantes al principio del acto, y que llevaba pintado un árbol cuyas ramas eran las banderas autonómicas y el tronco y las raíces, los colores de la bandera nacional. El slogan: EL MEJOR PLAN, ESPAÑA.
           
En la manifestación se gritó contra el plan Ibarreche y el nazismo vasco, con algunos esloganes sarcásticos: “Yo también tengo un plan: Arzalluz e Ibarreche al tribunal penal”. La gente ha empezado a perder el miedo.
           
Pero lo que le daba su carácter distintivo fue la omnipresencia de la idea de España. España, hecha realidad en la riada de banderas nacionales que inundó las calles de San Sebastián el sábado por la tarde, es la única raíz de la libertad, el único cobijo de los amenazados y los perseguidos, y el verdadero y solo motivo de la necesaria unidad de las organizaciones políticas en contra del terror. La gente, que lo ha sabido desde siempre, lo manifiesta en voz alta, sin alharacas ni grandilocuencia.
           
Este hecho tan sencillo, tan fácil de entender, no tiene todavía traducción política. Los partidos anduvieron cada uno por su lado. A Zapatero le falló Odón Elorza, es decir el PSE. En sus declaraciones, ningún político nacional ha sabido luego expresar con un poco de nobleza el gesto de dignidad que allí había tenido lugar.
           
Y una tercera constatación: la farándula falló –no fue ningún actor, ni siquiera Semprún ni otros intelectuales y titiriteros del circo mediático y académico–, y los medios de comunicación siguen contando mal, cuando no censurando, lo que allí ocurrió. La televisión pública, que se llama española porque vive del saqueo del contribuyente español, es de los que peor lo han hecho. Probablemente a propósito. La gente, los españoles que el sábado se manifestaron en San Sebastián, van muy por delante de casi todos sus representantes políticos, intelectuales y mediáticos.