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El "proceso" en agonía

Mujeres vascas

En su larga estrategia de barbarie, los etarras (de los que forman parte, según sentencia judicial, los interlocutores del gobierno, es decir, la ilegalizada Batasuna) consiguieron destrozar la organización de UCD en el País Vasco. Luego lo intentaron con el Partido Popular, con una ofensiva aún más criminal, si cabe. No lo consiguieron, como reconocen algunos dirigentes populares de primerísima fila, por las esposas, las hermanas, las familiares de los asesinados y las afiliadas y las simpatizantes del PP. Entonces mantuvieron en pie una de las organizaciones que compartía con el PSOE la defensa de la libertad y los derechos humanos en el País Vasco, una de las pocas zonas del mundo donde se puede afirmar sin hipérbole que está implantándose otra vez el nacionalsocialismo, el nazismo en estado más puro.

Ahora vamos a asistir a una prueba terrible. Parece claro que, como era obligado, el "proceso" está entrando en situación agónica. El desenlace será trágico. O bien los etarras querrán dar un aviso serio (se habla de un coche bomba, aunque nadie en su sano juicio descartará que ocurra un accidente, con o sin comillas), o bien pueden ir directamente al asesinato de una personalidad clave de la oposición –como el intento de asesinato de Aznar– que preserve su propia iniciativa pero no les facilite las cosas a los populares.

Ante este panorama, los socialistas vascos habrán de elegir de una vez y sin ambigüedades. O bien pueden seguir el camino del pacto con el nacionalismo, siguiendo la pauta de comportamiento que adoptaron en 1995, cuando los etarras atentaron contra Aznar y ellos miraron hacia otro lado. O bien tendrán que reconstruir desde la base los fundamentos morales de una posición política que les devuelva a la decencia.

Es aquí donde –sospecho– las mujeres del PSOE vasco tendrán mucho que decir. Las ha habido, como la admirable Carmen Asiain, que han abandonado discretamente las filas socialistas y han seguido participando en la vida pública en el PP. También las hay, como Rosa Díez, Gotzone Mora o Maite Pagaza, que han permanecido leales al socialismo. Confieso que me resulta difícil entender por qué. Pero eso es lo de menos. Tanto las que se han marchado como las que siguen tienen contactos, coraje, energía y una claridad moral que les otorgará una importancia crucial. Obviamente saben cuidarse solas, pero los socialistas que no hayan perdido toda vergüenza tienen el deber de apoyarlas. Entre otras cosas, para no hundirse para siempre en las cloacas de la historia.