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Puesta en escena socialista

El Partido Socialista lo está haciendo tan rematadamente mal que en la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid, algunos de los comparecientes, en particular Tamayo, Sáez y Balbás han tenido la ocasión de reinventarse una imagen y una posición política. No la han desaprovechado. En cuanto a la primera, han logrado convencer a una parte importante de la opinión de que los “corrutos” no son ellos, sino quienes les interrogan. La comparecencia de Mª Teresa Sáez, al parecer militante de toda la vida, abnegada siempre, y siempre al servicio de sus vecinos y compañeros, ha sido definitiva. Yo, la verdad, tengo serias dudas de que sea así, y creo que tan “corruptos” son unos como otros. Pero sin pruebas no es fácil contradecir esta forma de ver las cosas. Y está claro que al menos que el PP quiera sacar la corrupción a relucir, el PSOE no va a decir nada.

En cuanto a la posición política, las posiciones de Balbás y Tamayo se refuerzan mutuamente, apoyados ambos en ese ejemplo de militancia desinteresada que ha dado Mª Teresa Sáez. Tamayo ha dado voz a una toma de posición moderada, nada extremista, heredera del anticomunismo visceral que fue marca de buena parte del socialismo español durante mucho tiempo. Balbás, por su parte, traslada esta templanza a los modos. Balbás es la aplicación práctica del antiextremismo escenificado por Tamayo. Es un negociador nato (no dudo que lo sea, dicho sea de paso), un hombre dispuesto siempre a dialogar y a pactar. En política, ceder –dijo en un momento de su comparecencia– es sumar.

En la perspectiva más amplia que se nos ha querido escenificar, Tamayo, Sáez y Balbás aparecen así como los apoyos ideales de un proyecto de regeneración ética encarnado por Rodríguez Zapatero. La militancia de base (Sáez), el centrismo (Tamayo) y la actitud dialogante (Balbás) tenían por líder natural a un Zapatero que, por desgracia, se ha dejado enredar por otro sector del PSOE, en el que se encuentran sobre todo personas vinculadas al guerrismo. Zapatero habría pecado de ingenuo, ha demostrado ser un poco tonto, pero nada más. ¡Pobre Zapatero!

En cuanto a los adversarios de los Renovadores (por la Base), estos desinteresados amigos de Zapatero, también tienen su papel en esta puesta en escena. Son los malos. Los guerristas mantienen la llama del primer socialismo, el de Pablo Iglesias: el que encarnaban los famosos “descamisados” del hermano de Juan Guerra, el del resentimiento social en una palabra. Y lo encarnan tanto que ni siquiera son anticomumistas. En realidad, lo único que diferencia a los guerristas de los marxistas son los medios, no los objetivos. Supuesto esto –se puede leer: Simancas es un teórico del guerrismo-marxismo y como tal solía publicar en Temas de Hoy, la revista portavoz de Alfonso Guerra–, cualquier pacto es posible siempre que sea con la izquierda.

Además de su izquierdismo sectario, nada centrista, el guerrismo representa –siempre en esta escenificación– una forma de hacer política maniobrera y oscura, opaca y poco ética. Y finalmente, como los guerristas llevan ocupando el poder en el PSOE desde principios de los ochenta, han constituido una especie de élite, o costra, contra la cual intentan luchar inútilmente los militantes de base… como Mª Teresa Sáez.

Tomado en su conjunto, esto no es más que una patraña. Los dos únicos hechos ciertos son, primero, la raíz ideológica o moral del guerrismo, que es el resentimiento social, la misma que Pablo Iglesias enunció incansablemente, con precisión de monomaníaco, en todos sus textos y discursos. También es cierto que el guerrismo lleva ocupando el poder en el PSOE desde hace mucho tiempo. Un amigo, buen conocedor del Partido Socialista y a quien debo buena parte de esta información, mantiene que si el PSOE hubiera llegado al poder un poco antes, en torno a 1979, el guerrismo no habría tenido tiempo de cuajar y ocupar como ocupó, como una sedimentación parásita, todas las estructuras del PSOE.

El caso es que es el guerrismo es hoy el único principio de vertebración del PSOE. Y frente a él no se habían alzado los ya famosos Renovadores por la Base, es decir los hoy célebres Tamayo y Balbás, sino, en la Federación Socialista Madrileña, una parte del Partido agrupada en torno a Joaquín Leguina. Los Renovadores por la Base, herederos de una forma de hacer política propia de las filas de UCD (Balbás considera a Francisco Fernández Ordóñez su mentor y maestro) supieron ver la oportunidad que ese enfrentamiento les proporcionaba. Aprovecharon que en el PSOE se toleraba una corriente política (Izquierda Socialista) y formaron la suya, encajada entre “leguinistas” y guerristas, para explotar su posición de grupo minoritario en una relación de fuerzas inestable. Dicho de otro modo, para “transferir capital político”, como repitió hasta la saciedad Balbás, a quien mejor les convenga en cada caso, ya sea a su izquierda o a su derecha, con guerristas, leguinistas, zapateristas o comunistas, sin descartar ningún extremo.

La figura de Mª Teresa Sáez aporta un plus sumamente valioso. UCD, como el PP, son partidos de cuadros. El PSOE, en teoría, no. Por supuesto que también lo es, porque ya no existen partidos de masas, pero en su estructura y en la imagen que tiene de sí mismo el PSOE pretende seguir siendo una organización de clase, capaz de organizar al proletariado o a la clase obrera. Al no haber prescindido, en el funcionamiento, de esas supuestas bases, el poder, dentro del PSOE, depende del control de éstas, agrupadas en federaciones y agrupaciones. Y estas federaciones y agrupaciones se cooptan y se controlan según métodos estrictamente leninistas. Esto explica que Balbás, tan pactista, tan moderado, recurra con tanta facilidad a un lenguaje político que parece directamente inspirado de los escritos de Lenin. Lo está. Mª Teresa Sáez ha sido la representación viva, la coartada perfecta de esas “bases” que sólo existen para que las corrientes del PSOE se repartan el poder al estilo de la mafia. En comidas, en reuniones de los padrinos o a trastazo limpio, como ahora está ocurriendo. Pero siempre, siempre, sin el menor asomo de democracia. De hecho, esto explica que hoy por hoy el PSOE sea un partido mucho menos democrático que el PP. Y que el proyecto de Zapatero, como el de Renovadores de la Base, no tuviera ni el menor asomo de renovación, de democratización, ni, en el fondo, de interés.

(Ya sé que este artículo parece estar escrito por el pesado de Santos Juliá, ese estalinista a las órdenes de Prisa. No lo está, se lo puedo asegurar.)


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