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Elecciones catalanas

Realidad nacional, realidad de partido

Se suele oír que lo que más desean los socialistas españoles es que al Partido Popular le salga un competidor por la derecha. A falta de eso, los socialistas se han dedicado últimamente a hablar de "derecha extrema", siendo así que la "derecha extrema" estaría formada por el único partido nacional (el PSOE dejó de serlo hace mucho tiempo, como demuestra el PSC) y el único que defiende la Constitución de 1978, las instituciones nacionales y la libertad que estas están encargadas de proteger. Lo mismo que se comprometió a defender el actuar presidente de gobierno, por cierto.

Para seguir con las paradojas, al Partido Popular le salió hace algunos meses un competidor donde menos se lo podía esperar el PSOE: no a la derecha, sino a la izquierda. Claro que ese competidor lo es en una parte de España, que es Cataluña. Estoy hablando, obviamente, de Ciudadanos.

En una situación más o menos normal, Ciudadanos no debería competir en el terreno electoral con el PP. Presenta un programa de izquierda templada que podría parecerse bastante a la que defendería un PSOE actualizado. Y como los socialistas han abandonado cualquier proyecto nacional español, en particular en Cataluña, Ciudadanos debería entrar en competencia con ellos, es decir, con esos socialistas que han abrazado la causa nacionalista. No debería ser un peligro para un centro derecha que a día de hoy es el único partido nacional.

No es así, y esa es la siguiente paradoja. El Partido Popular sabe que Ciudadanos le puede hacer daño en las elecciones catalanas. No en el terreno ideológico, en el que las diferencias, aunque relevantes, se han ido difuminando en las últimas semanas, sino en el punto fundamental de la defensa de la nación española.

Es aquí donde las cosas se le complican al PP. Si los dirigentes del Partido Popular hubiera mantenido en Cataluña una actitud más clara y más sólida en defensa de la nación española, que es tanto como decir de la libertad en España, ahora el PP sumaría votos con Ciudadanos y Ciudadanos, a su vez, no se los restaría a él. Tal vez ni siquiera existiría Ciudadanos. Es cierto que los militantes y los afiliados del Partido Popular en Cataluña –y muchos de sus cuadros– no se merecen lo que puede ocurrir; que Ciudadanos recoja los votos de los descontentos con la confusión del PP y que el voto a la nueva formación acabe convertido no en el voto de castigo o de alternativa contra el PSOE, sino contra un Partido Popular en el que algunos de sus dirigentes no han hecho suyo el papel que les correspondía.

Por eso, sea cual sea el resultado de las elecciones, los populares catalanes no deberían olvidar la angustia que han pasado estos últimos días ni su significado. No estaría de más que reflexionaran en profundidad acerca de la posición de sus dirigentes ante la cuestión esencial a la que se enfrenta la sociedad española, como es el desmantelamiento de la nación y el desplome de las instituciones constitucionales. La única realidad del Partido Popular es la realidad nacional española y la libertad de sus ciudadanos, llámenlas como quieran llamarlas los socialistas.