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Matrimonio gay

Responsabilidades compartidas

El gobierno socialista cumple su palabra. Cumplió su palabra al retirar las tropas españoles de Irak, la cumplió con la retirada del Plan Hidrológico Nacional, lo hizo con la demolición del proyectado intento de reforma educativa del Partido Popular. Y ha vuelto a hacerlo con la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. El hecho será irreversible a partir del viernes. Un Gobierno en minoría, sin un respaldo suficiente del conjunto de la ciudadanía, ha satisfecho las peticiones de una parte de una minoría de la población. Una minoría dentro de una minoría, porque no todos los homosexuales están a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Ni todos los homosexuales se sienten representados por el grupo de activistas gays que han presionado a favor de esta medida.
 
En cualquier caso, y cediendo a la presión de una minoría dentro de una minoría, el gobierno ha cambiado la naturaleza misma del matrimonio. Después de esto no hay vuelta atrás. Un nuevo gobierno del PP podrá restaurar la antigua situación, pero el tabú se ha roto y ya no habrá forma de recomponerlo. De un plumazo, el gobierno socialista ha destruido una tradición fundamental y la ha sustituido por una nueva institución. A partir de ahora habrá que inventar un vocabulario nuevo o adaptar la lengua a los nuevos usos. Los niños habrán de ser educados de una forma distinta, habrá que responder a nuevas desafíos sociales, jurídicos y económicos. Y habrá que hablar de matrimonios tradicionales, para los formados por un hombre y una mujer, y de matrimonio a secas para todos ellos, los tradicionales y los nuevos. Todo eso para dar satisfacción a una minoría dentro de una minoría, y sin que se trate de un asunto que afecte sustancialmente a la vida del conjunto de los españoles.
 
Para respaldar esta medida radical, radical de verdad, el gobierno articulará una argumentación basada en los derechos civiles y en contra de la discriminación. Sus aliados más extremistas, separatistas y de izquierda, la aplaudirán e intentarán rentabilizarla. Los nacionalistas, si la apoyan, tratarán de convencer a su electorado que se trata de una pieza más en el camino de la construcción nacional.
 
¿Y Partido Popular? Oscilará entre la crítica al oportunismo político y una adopción precipitada de algunas propuestas, como si el asunto del matrimonio entre personas del mismo sexo fuera una frontera más del largo viaje de la derecha hacia el centro
 
Es una posición incómoda. Y lo es por la posición del propio Partido Popular. El matrimonio entre personas del mismo sexo lleva más de diez en el debate público. Un partido que quiere ser conservador y liberal, un partido de centro derecha tenía que haber articulado una posición consistente al respecto. Tenía elementos de argumentación y medios para hacerlo. Se retranqueó en el silencio y dio por supuesto un consenso que de hecho ya no existía. Para el PP no han existido los problemas derivados de la convivencia entre personas del mismo sexo, ni existía la posibilidad de que dos personas del mismo sexo se quisieran y quisieran comprometerse públicamente en una relación estable y duradera. En el fondo, ni siquiera existía la homosexualidad si no como algo residual, estrictamente privado y, a efectos políticos, despreciable. Y ahora, de pronto, casi todo es posible.
 
Los resultados de esta estrategia están a la vista.